A 80 años de Hiroshima: la primera bomba nuclear de la historia que marcó el final de la Segunda Guerra Mundial
El 6 de agosto de 1945, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad japonesa de Hiroshima se convirtió en escenario del primer ataque nuclear de la historia. A las 8:15 de la mañana, un bombardero estadounidense B-29, llamado Enola Gay, lanzó la bomba atómica denominada Little Boy sobre la ciudad, que en ese momento albergaba a unas 350.000 personas.
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La explosión, equivalente a unos 15 kilotones de TNT, provocó una devastación inmediata: se estima que unas 70.000 personas murieron en el acto y otras decenas de miles fallecieron en los días, semanas y meses posteriores debido a heridas y enfermedades relacionadas con la radiación. Gran parte de Hiroshima quedó reducida a escombros en segundos.
Las consecuencias fueron tanto humanas como medioambientales. Los sobrevivientes, conocidos como hibakusha, enfrentaron graves problemas de salud, como cáncer y enfermedades crónicas, así como estigmatización social. La radiación también dejó secuelas en las generaciones posteriores.

El ataque tuvo un profundo impacto en el desarrollo de la guerra y en la política internacional. Tres días después, Estados Unidos lanzó una segunda bomba atómica sobre Nagasaki, lo que precipitó la rendición de Japón el 15 de agosto de 1945 y el fin de la Segunda Guerra Mundial.
A nivel global, el bombardeo marcó el inicio de la era nuclear, impulsando una carrera armamentista durante la Guerra Fría y generando debates sobre la ética y la legalidad del uso de este tipo de armas. Desde entonces, Hiroshima se ha convertido en un símbolo internacional de paz y desarme nuclear, con conmemoraciones anuales que buscan recordar a las víctimas y promover un mundo libre de armas atómicas.

Ochenta años después, el recuerdo de Hiroshima sigue siendo un recordatorio del poder destructivo de la tecnología cuando es empleada con fines bélicos.
