El 17 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Enfermedad de Coats, una condición ocular poco frecuente que afecta principalmente a niños y jóvenes adultos. Esta enfermedad se caracteriza por una anomalía en los vasos sanguíneos de la retina, la capa sensible a la luz en la parte posterior del ojo, y puede derivar en pérdida de visión e incluso ceguera si no recibe atención oportuna.
Según expertos, la enfermedad de Coats implica que los vasos sanguíneos en la retina tengan fugas, lo que permite que líquidos se filtren hacia el tejido ocular, provocando inflamación y, en casos avanzados, desprendimiento de retina. Los síntomas varían y pueden incluir reflejo blanco en la pupila, conocido como leucocoria, desviación ocular o estrabismo, visión borrosa, dolor ocular en etapas severas y enrojecimiento del ojo.
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Se trata de una enfermedad que afecta con mayor frecuencia a niños y jóvenes varones menores de 15 años, aunque no es considerada hereditaria y puede presentarse en edades posteriores. Para su diagnóstico, los oftalmólogos realizan exámenes completos que incluyen análisis del fondo de ojo, angiografías con fluoresceína y tomografías de coherencia óptica (OCT), herramientas que facilitan la detección de anomalías en los vasos sanguíneos y en la estructura de la retina.
El tratamiento varía según la gravedad del caso. Opciones como la observación, terapia con láser, crioterapia, cirugías y medicamentos inyectados son empleadas para controlar la enfermedad, reducir la inflamación y prevenir complicaciones mayores. La detección temprana se considera fundamental, ya que permite intervenir antes de que se produzca una pérdida irreversible de la visión.
Ante la sospecha de esta afección, los especialistas recomiendan acudir a un oftalmólogo de inmediato para evaluar y determinar el tratamiento adecuado, reforzando la importancia de la revisión ocular periódica en población vulnerable.

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