El caso de Candela Sol Rodríguez: Con condenados pero con un enigma que persiste en la memoria colectiva
BUENOS AIRES. A 14 años del trágico desenlace, el caso de Candela Sol Rodríguez, la niña de 11 años secuestrada y asesinada en 2011, continúa siendo una herida abierta en la sociedad argentina. La desaparición de la menor, seguida por el hallazgo de su cuerpo, conmovió al país y desató una intensa cobertura mediática que puso en evidencia las complejidades y contradicciones de la investigación.
Candela, de 11 años, desapareció el 22 de agosto de 2011 en Hurlingham, mientras esperaba a sus amigas para ir a merendar. Su madre, Carola Labrador, denunció el secuestro y, desde el primer momento, acudió a los medios de comunicación para pedir ayuda. La búsqueda se intensificó con allanamientos en el conurbano bonaerense y la intervención de diversas fuerzas de seguridad y funcionarios. El entonces ministro de Justicia y Seguridad provincial, Ricardo Casal, descartó públicamente la hipótesis de una venganza contra el padre de la menor, Alfredo Rodríguez, quien se encontraba preso por “piratería del asfalto”.
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Durante los días de búsqueda, diversas pistas e hipótesis surgieron y se descartaron. Se investigaron supuestos llamados telefónicos de la menor a su madre, que luego fueron desmentidos. También se activó el celular de Candela, robado en un momento de la búsqueda, lo que generó un infructuoso rastreo. La falta de un pedido de rescate, según las autoridades judiciales, reforzó la idea de que no se trataba de un secuestro extorsivo.
Hallazgo y presuntas conexiones
El 30 de agosto, ocho días después de su desaparición, el cuerpo de Candela fue encontrado dentro de una bolsa, con signos de asesinato, en un descampado a pocas cuadras de su casa. El hallazgo del cuerpo de Candela causó una enorme conmoción en todo el país.

El mismo día del hallazgo del cuerpo, se realizaron allanamientos en la zona. Una de las piezas clave en la investigación fue la divulgación de una llamada telefónica en la que una voz masculina amenazaba a una mujer, presuntamente la tía de la menor, exigiendo a su marido que «devolviera la guita». Esta conversación apuntaba a un posible ajuste de cuentas relacionado con las actividades delictivas del padre de Candela, una hipótesis inicialmente descartada por las autoridades.
El caso de Candela Sol Rodríguez sigue siendo un tema de debate, con múltiples versiones y teorías sobre lo que realmente ocurrió. Las falencias en la investigación inicial y la falta de una resolución definitiva han alimentado el escepticismo de la sociedad y han convertido el caso en un símbolo de la impunidad y la ineficiencia del sistema judicial.
Hallazgo y un giro en la investigación
El 31 de agosto de 2011, la búsqueda llegó a su fin de la manera más temida. A 35 cuadras de su hogar en Hurlingham, el cuerpo de Candela Sol Rodríguez fue encontrado en un terreno baldío de Villa Tesei, dentro de una bolsa. El hallazgo fue realizado por una recicladora de cartón, y la trágica noticia fue confirmada por la madre de la niña, Carola Labrador, quien se presentó en el lugar junto al entonces gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli.

La autopsia, cuyos resultados trascendieron rápidamente, determinó que Candela fue asesinada entre el 29 y el 30 de agosto por «asfixia mecánica por sofocación». El Fiscal General de Morón, Federico Nieva Woodgate, aclaró que, aunque se habló de desfiguración, el cuerpo no presentaba golpes severos, salvo un raspón en la frente. Esta información se sumó a la revelación de que la niña habría sido víctima de un abuso sexual poco antes de su muerte.
Las pistas, detenidos y contradicciones
El caso tomó un nuevo rumbo cuando la policía comenzó a realizar una serie de allanamientos que llevaron a la detención de varias personas. La casa de Gladys Mabel Cabrera en la calle Kiernan fue una de las primeras en ser investigadas, luego de que se hallara en ella material genético que se intentó vincular con la víctima. La propietaria, junto a otros hombres (Ramón Néstor Altamirano, los hermanos Alfredo Monteros y su padre, y Gustavo Damián Valenzuela), fueron imputados por encubrimiento y, en algunos casos, como partícipes del secuestro.

La imputación se basó en el testimonio de un testigo de identidad reservada, quien sostuvo haber visto a Candela en la vivienda de Altamirano y, posteriormente, en la de Cabrera. Según este relato, la niña habría sido trasladada a la casa de la calle Kiernan en un auto «Gol azul» y, más tarde, el cuerpo habría sido ocultado en una camioneta Traffic.
Las detenciones provocaron un fuerte rechazo en el barrio, donde los vecinos organizaron la «Marcha del perejilazo» en defensa de los imputados, a quienes consideraban «perejiles», personas injustamente involucradas. Las contradicciones no tardaron en aparecer. Gladys Cabrera afirmó que había alquilado su casa y que las personas que retiraron muebles de allí pertenecían al Ejército de Salvación, mientras que los Monteros y el fletero Valenzuela negaron tener vínculo con el caso, alegando que solo habían ido a la casa de Kiernan a buscar pertenencias de un familiar fallecido.
En paralelo, la investigación se centró en Hugo Elvio Bermúdez, un vecino señalado por un testigo de identidad reservada como el presunto secuestrador. Bermúdez fue acusado de ser el autor material, aunque él insistió en su inocencia. Las autoridades incautaron en su hogar una aspiradora y una camioneta Partner con cuerdas y preservativos, elementos que se sumaron a la investigación. La mujer de Altamirano, Nélida Pistan, también desmintió la versión del testigo en tribunales, afirmando que no conocía a Candela.

A pesar de las detenciones y las pruebas incautadas, el caso de Candela Sol Rodríguez se ha caracterizado por la falta de una versión unificada y la presencia de múltiples testimonios y pistas que, en muchos casos, se contradicen entre sí. Los detenidos insistieron en su inocencia, mientras que los vecinos se movilizaron en su defensa, lo que generó un clima de tensión y desconfianza hacia las autoridades. Las preguntas sobre quiénes fueron los verdaderos responsables del crimen, y cuáles fueron los motivos, han quedado sin una respuesta definitiva, dejando el caso sin resolver hasta el día de hoy.
Irregularidades y cambio de rumbo
El 12 de septiembre de 2011, la complejidad del caso se hizo aún más evidente cuando el abogado de Néstor Altamirano, Matías Morla, denunció al testigo de identidad reservada por supuestamente proporcionar «información falsa» con el objetivo de cobrar la recompensa. Esta acción legal puso en tela de juicio la credibilidad de las pruebas que habían llevado a la detención de varias personas. Ese mismo día, tres de los imputados por encubrimiento fueron liberados, lo que dejó a Altamirano, Cabrera y Bermúdez como los principales sospechosos.

Las detenciones continuaron, con la aprehensión de un remisero, José Luis Flores, y su pareja, Liliana Susana Cabrera, aunque fueron liberados poco después. A lo largo de la investigación, varias personas fueron detenidas, imputadas y, posteriormente, liberadas, lo que generó un clima de incertidumbre y desconfianza en la justicia. Entre ellas, se encontraba Fabián Espíndola, quien luego de ser detenido, denunció haber sido coaccionado por la policía para incriminar a otros sospechosos.
La defensa de los imputados insistió en la inocencia de sus clientes. El abogado Matías Morla, representando a Néstor Altamirano, sostuvo que su defendido era una «persona que estaba en un lugar poco indicado y nada más». Asimismo, se difundió la información de que las pruebas de ADN no habían arrojado resultados concluyentes, aunque la fiscalía lo negó.
La madre de la niña, Carola Labrador, se presentó como querellante en la causa con el apoyo del reconocido abogado Fernando Burlando. La madre de Candela negó conocer a los detenidos y descartó que el crimen tuviera relación con su ex pareja, Alfredo Rodríguez.
Sentencia y dudas persistentes
El 17 de abril de 2012, debido a las graves irregularidades detectadas en la investigación, la Cámara Penal de Morón decidió liberar a todos los detenidos, a excepción de Leonardo Jara, quien quedó preso por otro delito. La nulidad de partes del expediente se debió a que se comprobó que los detenidos habían sido víctimas de apremios ilegales y extorsiones para que confesaran e incriminaran a otras personas.
Finalmente, el 29 de junio de 2020, la Cámara de Casación Bonaerense ratificó las penas de cadena perpetua para Hugo Bermúdez y Leonardo Jara, y una pena de 4 años para Gabriel Gómez. A pesar de la condena, el caso sigue siendo un enigma y las dudas persisten. El 23 de abril de 2013, el testigo de identidad reservada falleció en una explosión en su domicilio, en un hecho que, aunque se atribuyó a una fuga de gas, generó sospechas y llevó a la reapertura de la investigación por parte del Senado de la provincia de Buenos Aires.
El caso de Candela Sol Rodríguez, marcado por la controversia, las irregularidades y las contradicciones, concluyó con una sentencia que muchos consideran insuficiente para esclarecer todos los detalles del crimen. Con la madre de Candela expresando su satisfacción con el veredicto, el caso de la niña de Hurlingham se ha convertido en un símbolo de la lucha por la justicia y una muestra de las fallas que pueden ocurrir en el proceso de investigación criminal.

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