Jack el Destripador: Un siglo de sospechosos, pruebas y misterio en Whitechapel
A fines del siglo XIX, en el sombrío y superpoblado barrio londinense de Whitechapel, un asesino en serie aterrorizó a la población con una serie de crímenes brutales. Conocido como Jack el Destripador, su identidad sigue siendo uno de los mayores enigmas de la historia criminal.
Entre 1888 y 1891, una oleada de asesinatos conmocionó al East End de Londres, una zona marcada por la pobreza extrema, la delincuencia y la prostitución. A un solo individuo, apodado Jack el Destripador a partir de una de las cartas que se le atribuyeron, se le imputaron al menos cinco homicidios, aunque la policía investigó un total de once crímenes en el expediente de Whitechapel.
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Las víctimas eran mujeres que se dedicaban a la prostitución. Los asesinatos se caracterizaron por su brutalidad: las mujeres eran encontradas con cortes en la garganta, mutilaciones abdominales y genitales, y en algunos casos, con órganos extirpados y el rostro desfigurado. El modus operandi sugería un conocimiento anatómico o quirúrgico, lo que alimentó la especulación sobre la posible profesión del asesino.
La Investigación Fallida y los Sospechosos
La Policía Metropolitana de Londres, a cargo de la investigación, fue ampliamente criticada por su ineficacia. A pesar de haber investigado a unos trescientos sospechosos, no lograron identificar al responsable, convirtiendo el caso en objeto de burla y polémica en la prensa de la época. La frustración ciudadana llevó a la formación de un comité de vigilancia que, por cuenta propia, patrullaba las calles en busca de pistas.
Con el tiempo, surgieron numerosas teorías sobre la identidad del asesino. La policía, la prensa y los autores de la época sospecharon de individuos con conocimientos médicos. Entre los nombres más destacados en la lista de sospechosos figuraban Montague Druitt, Severin Klosowski, Francis Tumblety y el inmigrante polaco Aaron Kosminski.
La Teoría del ADN y el Legado
Recientemente, nuevas tecnologías han revivido el caso. En 2014, el historiador Russell Edwards afirmó que un análisis de ADN, extraído de un chal supuestamente hallado en la escena de uno de los crímenes, señalaba a Aaron Kosminski como el asesino. El ADN encontrado coincidía con el de un descendiente de Kosminski, un peluquero de 23 años que vivía cerca de Whitechapel y que murió en una institución mental en 1919. Sin embargo, esta conclusión sigue siendo un tema de debate y no ha sido aceptada de forma unánime por la comunidad de investigadores.
El misterio que rodea a Jack el Destripador ha trascendido el tiempo. Su figura se ha convertido en el tema central de incontables obras de literatura, cine y arte , que mezclan hechos reales con elementos de terror. Este legado ha perpetuado su imagen como uno de los asesinos en serie más infames y enigmáticos de la historia, un fantasma que aún habita en las calles de Whitechapel.

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