Eusebio Hierónimo: El Filólogo que reescribió y tradujo la Biblia
¿Alguna vez se ha detenido a pensar en el origen de las palabras sagradas que han guiado a millones durante siglos? ¿Se ha preguntado quién fue el artífice detrás de la versión de la Biblia que se convertiría en la columna vertebral de la Iglesia occidental? La respuesta nos transporta al siglo IV y apunta a un nombre: Eusebio Hierónimo, más conocido como san Jerónimo de Estridón.
Nacido en Estridón, Dalmacia, alrededor del año 340, Jerónimo no fue solo un erudito más de su tiempo. Fue un intelectual con una pasión por el lenguaje que, por designio papal, lo llevaría a emprender un proyecto de una magnitud sin precedentes: traducir la Biblia completa a un latín que fuera accesible para el pueblo.
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El impulsor de esta titánica tarea fue el papa Dámaso I. En el año 382, el pontífice lo nombró su secretario en Roma y, reconociendo su agudeza y dominio retórico, le encargó la crucial misión de recopilar el canon bíblico y traducirlo. En aquel entonces, la versión latina que circulaba en Occidente, conocida hoy como la Vetus Latina, era un mosaico de traducciones dispares, con variantes, imprecisiones y estilos desiguales. Jerónimo, con su proverbial elegancia en el latín, se dispuso a subsanar estas carencias.
Un Filólogo Trilingüe en la Cuna del Cristianismo
Lo que distingue la labor de san Jerónimo es su rigor filológico. Si bien el latín era su lengua materna y poseía un profundo conocimiento del griego, el hebreo representaba un desafío. En lugar de conformarse con traducciones intermedias, Jerónimo tomó una decisión radical: se mudó a Belén, la cuna de la cristiandad, para perfeccionar su hebreo.
Este acto lo transformó en un filólogo trilingüe, dotado de las herramientas necesarias para traducir el Antiguo Testamento directamente del hebreo y el Nuevo Testamento del griego, y no simplemente revisar las versiones latinas existentes. Esta aproximación al texto original, o hebraica veritas, fue revolucionaria y sentó las bases para la exégesis bíblica (la interpretación crítica y completa de las Escrituras) en Occidente, un campo en el que se le considera el padre.
La Vulgata: La Edición para el Pueblo
El resultado de su labor, que duró más de dos décadas, fue la Vulgata, un nombre derivado de la frase vulgata editio, que significa literalmente «edición divulgada» o «edición para el pueblo». Jerónimo intencionalmente no utilizó el latín clásico y elevado de Cicerón, que dominaba a la perfección. En su lugar, optó por un latín corriente, buscando que el texto fuera lo más fácil de entender y exacto posible para el lector común de la época.
La Vulgata no solo sustituyó a la inexacta Vetus Latina, sino que se consolidó a lo largo de los siglos como la Biblia oficial de la Iglesia católica latina. Su estatus fue solemnemente confirmado en 1546, durante el Concilio de Trento, donde fue declarada la edición auténtica de la Biblia.
El Legado de un Pensador Multifacético
Pero la influencia de Jerónimo se extiende mucho más allá de la traducción. Sus obras, extensas y eruditas, incluyen ensayos polémicos e históricos con una perspectiva teológica. Además, fue un consejero espiritual influyente, especialmente en Roma, donde sus enseñanzas sobre la vida moral cristiana y el ascetismo calaron hondo, en particular entre mujeres de adineradas familias senatoriales. Sus escritos son, de hecho, una fuente crucial de información sobre la vida y la pronunciación del hebreo en la Palestina bizantina de su época.
San Jerónimo, que murió en Belén el 30 de septiembre de 420, es reconocido como uno de los cuatro Padres Latinos de la Iglesia, junto a Ambrosio, Agustín y Gregorio, y es Doctor de la Iglesia.
Su impacto en la historia de la fe y la lingüística es tan profundo que, en su honor, el día de su fallecimiento, el 30 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Traducción. Un tributo más que merecido para el hombre cuya dedicación al lenguaje dotó al mundo occidental de su texto sagrado fundamental.
¿Se imagina el esfuerzo intelectual que supuso traducir palabra por palabra, con la precisión de un orfebre, la base de toda una civilización? La Vulgata es mucho más que un libro; es el testamento de un filólogo, un santo y un pionero.

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