Asesinatos en serie: el «Loco de la Ruta» y el verano maldito de Mar del Plata
Corría el verano de 1988 y la ciudad de Mar del Plata, conocida como la Perla del Atlántico y principal destino turístico de Argentina, se sumía en una atmósfera de horror que contrastaba brutalmente con el brillo de sus playas. Fue un período teñido de tragedia, un «verano maldito» que la sociedad marplatense jamás podría olvidar. Mientras dos sucesos con figuras públicas –el trágico final de Alicia Muñiz a manos del boxeador Carlos Monzón y la inesperada muerte del humorista Alberto Olmedo– acaparaban los titulares nacionales, en la sombra se gestaba un terror mucho más frío e inquietante: la ola de crímenes sexuales y asesinatos que se le atribuyeron a un enigmático agresor conocido como el «Loco de la Ruta».
El perfil de este victimario, más tarde identificado como Celso Luis Arrastía, un hombre nacido en Mar del Plata alrededor de 1950, encarna la pesadilla del depredador que opera a plena vista. Arrastía fue condenado por dos de los crímenes que se le imputaron, pero la sombra de la duda y la impunidad persiste sobre otros tres casos que la justicia no pudo conectar con pruebas irrefutables. La pregunta que sigue rondando en la ciudad es: ¿fue realmente Arrastía el único responsable de la ola de terror? ¿O hay un fantasma de la ruta que jamás fue capturado del todo?
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El Modus Operandi que Sembró el Pánico
Entre la primavera de 1987 y el fatídico verano de 1988, al menos cinco mujeres fueron violadas y asesinadas en Mar del Plata. El horror se manifestaba a través de un patrón de ataque que pronto puso en alerta a las fuerzas de seguridad.
Uno de los crímenes más impactantes ocurrió en octubre de 1987. Una joven pareja caminaban abrazados cerca del Torreón del Monje, y fue abordada por un hombre armado que, según relatos, se hacía pasar por policía. Tras secuestrarlos y llevarlos a una zona desolada, el agresor disparó al joven (quien, milagrosamente, sobrevivió) y luego se ensañó con Ana María Palomino, de solo 16 años. Su cuerpo fue hallado el 17 de octubre en Barranca de los Lobos. Había sido violada y estrangulada con su propia ropa interior.

Meses después, el terror continuó. En mayo de 1988, Nélida Mabel Quintana, de 53 años, fue violada y asesinada de forma similar en un hotel alojamiento cercano a la terminal de ómnibus. El mismo mes, Margarita Inés López, una trabajadora sexual de 19 años, fue encontrada muerta en un motel. En este caso y en al menos otros tres, se encontró una escalofriante firma: la víctima había sido estrangulada con sus propias prendas íntimas y presentaba heridas de mordedura en el pezón, un detalle que perfilaba la psique perturbada del agresor.
La policía logró crear un retrato hablado del sospechoso, pero las pistas se enfriaban. El pánico era palpable. La comunidad, especialmente las mujeres y las trabajadoras sexuales, que fueron víctimas frecuentes del atacante, vivían bajo un estado de sitio invisible.
La Confesión y el Vuelco Inesperado del Caso
La clave para el arresto no provino de una exhaustiva investigación policial, sino de un quiebre en la vida privada del presunto asesino. En septiembre de 1988, la dueña de un cabaret se presentó en una comisaría con una denuncia que destapó el macabro secreto. La mujer, víctima de reiteradas palizas y amenazas de muerte por parte de su esposo, reveló que él mismo le había confesado los crímenes.
«Me dijo que me iba a matar como a las cinco mujeres que había matado», declaró la mujer a las autoridades.
El esposo denunciado era Celso Luis Arrastía. La policía allanó la vivienda y lo detuvo. Durante el registro se habrían encontrado prendas íntimas de mujer que más tarde se comprobaría que pertenecían a algunas de las víctimas, lo que para muchos parecía cerrar el caso del “Loco de la Ruta”.

Verdad a Medias: Los Crímenes sin Castigo
A pesar de las evidencias, la confesión a su esposa y el modus operandi consistente, el proceso judicial de 1989 fue parcial. La Cámara Federal de Mar del Plata condenó a Arrastía a 25 años de prisión por los asesinatos de Ana María Palomino y Margarita Inés López. Sin embargo, lo absolvió de otros tres casos: el de Mónica Susana Petit de Murat, el de Nélida Mabel Quintana y el de una mujer no identificada, asesinada en junio de 1988.

Arrastía siempre negó los crímenes, a pesar de su condena.
Y aquí radica la esencia de este caso sin resolver: si Arrastía fue el verdadero «Loco de la Ruta» y, de hecho, cometió los cinco crímenes, ¿por qué la justicia solo pudo probar dos? ¿Significa esto que el agresor original o un cómplice quedaron impunes? La absolución en tres de los casos deja una herida abierta en la memoria de Mar del Plata.
El epílogo judicial resultó igualmente controvertido. Condenado a 25 años, Celso Luis Arrastía fue liberado en 2003, habiendo cumplido solo 15 años de su pena. El principal sospechoso de aterrorizar a una ciudad entera regresó a la libertad, mientras los asesinatos de Mónica Susana Petit de Murat, Nélida Mabel Quintana y la víctima de junio de 1988 permanecen oficialmente como un misterio. El «verano maldito» dejó tras de sí no solo víctimas, sino también la inquietante sensación de que la verdad completa del «Loco de la Ruta» aún espera ser revelada.
¿Fue Celso Luis Arrastía un asesino serial que la justicia solo pudo probar a medias, o la sombra de un verdadero psicópata aún se cierne sobre Mar del Plata?

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