La eterna majestad de «O Rei»: El nacimiento de Pelé, la leyenda que cambió la historia del fútbol
Cada 23 de octubre, el calendario deportivo se detiene para rememorar una efeméride que va más allá de un simple cumpleaños: el nacimiento de Edson Arantes do Nascimento, inmortalizado en la historia universal como Pelé. Nacido en 1940 en la humilde Três Corações, Minas Gerais, la trayectoria de este delantero brasileño se convertiría en un mito, un relato épico que, incluso hoy, incita a la curiosidad sobre la verdadera dimensión de su legado.
¿Cómo un hombre puede ser catalogado como «el mejor de todos» por una institución tan seria como la FIFA, y a la vez, el único futbolista en ser reconocido entre los cinco «mejores atletas del siglo XX» por el Movimiento Olímpico?
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Sus comienzos
La respuesta se encuentra en una carrera que desafió las estadísticas y redefinió el concepto mismo de la belleza en el deporte. Desde sus humildes comienzos, donde el balón era a menudo un calcetín relleno de periódico, hasta su debut profesional con el Santos en 1956, Pelé fue una fuerza de la naturaleza. No era solo el goleador, sino el artista que acuñó el término «jogo bonito» (juego bonito), un estilo que combinaba la eficiencia letal con una gracia y una técnica asombrosa.

El Santos se convirtió en el escenario de su reinado, un club con el que cosechó diez Campeonatos Paulistas, seis títulos del Brasileirão y, en el pináculo del fútbol de clubes, dos Copas Libertadores y dos Copas Intercontinentales. Su marca de 643 goles en 659 partidos oficiales con el club paulista es, aún hoy, una cifra que ilustra su consistencia y dominio en el fútbol de élite.
Hazañas mundiales
Pero si hay un ámbito donde Pelé se elevó a la categoría de deidad deportiva, ese fue el escenario de la Copa Mundial de la FIFA. Con apenas dieciséis años, debutó con la selección brasileña, la legendaria Seleção. Su irrupción en el Mundial de Suecia 1958, con solo 17 años, no solo lo convirtió en el campeón mundial más joven de la historia, sino que catapultó a Brasil a la cima del fútbol global.
Repitió la hazaña en Chile 1962 y selló su trilogía de gloria en México 1970, con un equipo considerado por muchos como uno de los mejores de la historia. Es el único futbolista con tres Copas del Mundo en su palmarés, un récord que se mantiene como un desafío inalcanzable para las generaciones futuras y que subraya una era de supremacía inigualable.

La curiosidad sobre Pelé, sin embargo, no reside únicamente en los títulos. Sus 1279 goles en 1363 partidos, incluyendo amistosos, le valieron un Récord Mundial Guinness. Mientras las cifras oficiales de diferentes organismos como la IFFHS o la FIFA generan debates sobre el número exacto de goles oficiales (con registros que varían entre 762 y 778), la magnitud de su producción goleadora a lo largo del siglo XX no tiene parangón. ¿Qué tipo de jugador era capaz de inventar jugadas icónicas como el «gol de placa» o el «gol de los cuatro sombreros», un regate que dejó a defensores en el suelo por su pura genialidad?
Multifacético
Tras colgar las botas en el New York Cosmos en 1977, la vida de Pelé continuó marcada por la trascendencia. Se convirtió en actor, cantante y, notablemente, en embajador global. Su rol como Ciudadano del Mundo por la ONU (1977), Embajador de Educación, Ciencia y Cultura de la UNESCO (1994) y Ministro extraordinario de Deportes de Brasil (1994-1998) demuestran que su influencia superó con creces el campo de juego. Fue un diplomático del deporte, un puente entre culturas.
Aunque el Balón de Oro de la época no le era elegible por ser un premio restringido a jugadores europeos, la revista France Football en 2014 le otorgó un Balón de Oro Honorífico, un reconocimiento póstumo a la justicia histórica. En 2020, su inclusión como mediocentro ofensivo en el Dream Team histórico del Balón de Oro confirmó su estatus atemporal.

Pelé nos dejó físicamente el 29 de diciembre de 2022, a los 82 años. Su vida y obra son un espejo de la historia del fútbol moderno, un recordatorio de que, en ocasiones, el deporte puede ser elevado a la categoría de arte sublime. La figura de O Rei no es solo una estatua de bronce, sino una invitación permanente a explorar la época dorada de un deporte que, gracias a él, se hizo verdaderamente global y hermoso.

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