La Polio: El azote de la «Parálisis Infantil» y su ataque silencioso al sistema nervioso
La poliomielitis, conocida popularmente como polio o la tristemente célebre «parálisis infantil», es una palabra que evoca capítulos sombríos en la historia de la salud global. Es una enfermedad infecciosa cuyo protagonista es el poliovirus, un microscópico invasor con una predilección escalofriante por el sistema nervioso central (SNC).
Aunque el apodo de «infantil» sugiere su principal víctima —los niños son quienes más a menudo la contraen— su impacto ha resonado a lo largo de las edades y continentes, dejando un rastro de parálisis y, en los peores escenarios, la muerte.
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Pero, ¿qué es exactamente lo que hace a este virus tan peligroso y cómo logra escabullirse en el cuerpo humano?
La transmisión de la polio ocurre principalmente de persona a persona, ya sea a través de secreciones respiratorias o, de forma más alarmante, por la ruta fecal-oral. Lo que resulta inquietante es que la mayoría de las infecciones son asintomáticas. Es decir, una persona puede portar y propagar el virus sin siquiera saberlo. Es solo en un ínfimo 1% de los casos que el poliovirus logra la hazaña de ingresar al SNC a través del torrente sanguíneo. Una vez allí, su objetivo predilecto son las neuronas motoras, a las que ataca y destruye. Esta destrucción es lo que desencadena la debilidad muscular y la característica más temida de la enfermedad: la parálisis flácida aguda.

En su forma más aguda, el virus provoca inflamación en las neuronas motoras de la médula espinal y el cerebro, lo que conduce no solo a la parálisis, sino también a la atrofia muscular y a menudo a deformidades permanentes. La máxima gravedad se alcanza cuando la parálisis alcanza el diafragma, el músculo esencial para la respiración, lo que puede resultar mortal.
Un Viaje al Pasado: De Jeroglíficos a Epidemias
La historia de la poliomielitis es más larga de lo que muchos podrían imaginar. No es un mal moderno. Evidencias de su existencia se remontan al Antiguo Egipto. Una estela funeraria egipcia del período de Amenhotep II (alrededor del 1400 a. C.) ya muestra a un funcionario de palacio con signos de la enfermedad, testimonio de su larga y trágica presencia.

No fue sino hasta 1840 que el alemán Jakob Heine la describió por primera vez, abriendo el camino para su estudio científico. Sin embargo, fueron las agudas epidemias de principios del siglo XIX las que realmente la pusieron en el foco, obligando a los epidemiólogos a categorizar sus variantes, desde el «polio abortivo» (infección menor que no llegaba al SNC) hasta la forma paralítica mayor.
La Era de la Inmunización: Los Héroes de la Vacuna
El punto de inflexión llegó a mediados del siglo XX. En 1949, el bacteriólogo John Franklin Enders logró un avance crucial al cultivar el virus en laboratorio, una técnica que se convertiría en la piedra angular para el desarrollo de la vacuna.
El primero en cruzar la meta fue el epidemiólogo Jonas Edward Salk. Basándose en el trabajo de Enders, Salk desarrolló la primera vacuna inyectable para los tres tipos conocidos de poliovirus. Tras demostrar su seguridad, la inoculación masiva comenzó en 1954, marcando el inicio del fin de la polio como amenaza global descontrolada.

Poco después, en 1964, apareció un nuevo campeón: la vacuna desarrollada por Albert Sabin. Esta vacuna, conocida como trivalente por su capacidad de atacar a los tres tipos de virus, tenía una ventaja crucial: se administraba por vía oral. Su facilidad de aplicación la hizo rápidamente prevalecer sobre la vacuna de Salk, impulsando campañas masivas de vacunación que transformaron el panorama de la salud pública.
El Mapa de la Erradicación: Un Triunfo Incompleto
Los resultados de estas campañas masivas fueron espectaculares y rápidos. América fue la primera región del mundo en ser certificada como libre de polio salvaje en 1994. Europa le siguió en junio de 2002. En el año 2000, la región del Pacífico Occidental (incluyendo a China) también se declaró libre.
El 24 de octubre, conmemorando el Día Mundial de la Poliomielitis, se recuerda el monumental esfuerzo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 1988 emprendió un programa mundial de erradicación. Un dato asombroso lo resume la Dra. Gro Harlem Brundtland, exdirectora general de la OMS: «Cuando iniciamos la campaña de erradicación en 1988, la polio dejaba paralíticos todos los días a más de mil niños… En 2001, hubo mucho menos de mil casos en todo el año».

El compromiso global dio un paso más firme el 24 de octubre de 2019, cuando la OMS confirmó la erradicación mundial de la polio tipo 3. Sin embargo, la lucha no ha terminado. A pesar de los logros monumentales, la polio seguía activa en 2014 en áreas endémicas como Pakistán y Afganistán, y resurgiendo en zonas de Oriente Medio y África central, lo que llevó a la OMS a emitir una nota de alerta.
La erradicación total, un objetivo que se define como tres años sin un solo caso en una región, es la meta final. Los avances son un testimonio del poder de la ciencia y la colaboración internacional. La poliomielitis pasó de ser una amenaza milenaria a ser una enfermedad que la humanidad tiene acorralada. La persistencia de casos en ciertos focos geográficos subraya la necesidad de mantener la vigilancia y el compromiso con la vacunación hasta que el poliovirus sea solo un recuerdo histórico.

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