El 29 de octubre y las almas que regresan del agua: Un Día de Muertos con énfasis acuático
Cada año, cuando los colores vibrantes del cempasúchil comienzan a trazar senderos y el aroma a copal impregna el aire, México se prepara para una de sus celebraciones más profundas y enigmáticas: el Día de Muertos. Sin embargo, el calendario ancestral que rige la llegada de las almas es una danza compleja y precisa. Y es el 29 de octubre una fecha particular, un paréntesis en el gran festejo, dedicado a las almas de aquellos que perdieron la vida en el agua.
¿Qué misterio rodea a estos espíritus, que merecen su propio día de visita? La respuesta se encuentra en las profundas raíces prehispánicas y las creencias indígenas, donde una «mala muerte»—inesperada, violenta, como el ahogamiento—se percibía de manera distinta a un deceso natural. Se creía que estas almas, arrebatadas de repente, quedaban desorientadas o atrapadas cerca del lugar de su partida. El 29 de octubre, entonces, no es solo un recuerdo, sino un acto de amor y guía. Se les ofrece un homenaje particular y una ofrenda especial para que puedan encontrar el camino de regreso y no sentirse olvidadas en su largo, y quizás confuso, viaje.
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El Agua: De Elemento de Partida a Símbolo de Sanación
La ofrenda para estos difuntos es, a primera vista, la misma que para el resto: cempasúchil para guiar, velas para iluminar, y las fotografías, alimentos y bebidas que amaron en vida. Pero aquí, el simbolismo del agua cobra un significado sobrecogedor. El agua es un elemento universal de vida y purificación, y en el altar se coloca para mitigar la sed del alma después de su travesía. Para aquellos que fallecieron ahogados, este elemento trasciende la mera necesidad.
En su altar, el agua es el protagonista indiscutible. Jarras o varios vasos se disponen con un doble sentido: son el refresco del camino, pero también una forma de honrar y sanar el medio que marcó su partida. Al dedicarles un día especial con un énfasis simbólico en el agua, se busca transformar el recuerdo de un final súbito en un acto de purificación y transición. Es un acto que busca consolar al espíritu desorientado y darle el descanso que necesita.

La Guía para el Regreso
Mientras el papel picado —representación del aire y la unión entre la vida y la muerte— ondea suavemente, y la sal sella la purificación del alma, la mesa está puesta para los visitantes del 29. Las Flores de Cempasúchil, cuyo color representa el sol, trazan el sendero. Las velas iluminan el camino. Cada elemento del altar, desde las calaveritas de azúcar hasta el incienso, se conjuga para asegurar que estas almas, que tuvieron una partida difícil, encuentren no solo el camino a casa, sino también la paz en la memoria de sus seres queridos.
El 29 de octubre es, por lo tanto, una invitación a la reflexión sobre la complejidad del alma y el poder de la tradición para sanar. Es una efeméride que nos recuerda que, en el Día de Muertos, cada alma tiene su historia y su momento para regresar, demostrando la increíble riqueza y el profundo respeto que la cultura mexicana tiene por todas las formas de la vida y la muerte.

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