El misterio de los «Angelitos» en Argentina: Más allá del recuerdo fúnebre
El calendario marca el 1 de noviembre como una fecha singular en Argentina. Lejos de la imagen de Halloween o del bullicio de otras festividades, esta jornada se sumerge en una tradición con profundas raíces históricas y espirituales: la conmemoración del Día de los Angelitos.
Dedicada a honrar a los niños que han fallecido, esta celebración actúa como el preludio del Día de Todos los Santos (2 de noviembre), reservado para los adultos difuntos, tejiendo un tapiz de luto, fe y esperanza que invita a explorar sus matices.
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¿Quiénes son los «Angelitos» y por qué el 1 de noviembre?
La fecha se enmarca en la tradición católica del Día de Todos los Santos. En el imaginario popular, los niños que parten prematuramente no son simplemente difuntos; se convierten en «angelitos» que ascienden directamente al cielo, purificados y bendecidos. Esta creencia moldea de manera particular el proceso del duelo. De hecho, un detalle asombroso de esta tradición es la recomendación de moderar el dolor: se cree que el llanto excesivo de los padres puede «mojarle las alas» al ángel, dificultando su vuelo y ascenso al plano celestial. Esta noción, que para un observador externo podría parecer una limitación al duelo, en realidad es un mecanismo cultural que transforma la tristeza en una aceptación piadosa del destino del niño.
De Altares a «Ángeles Somos»: Las Variantes Regionales
Si bien la conmemoración es nacional, son las regiones del Noroeste Argentino (NOA) y Corrientes las que mantienen vivas las expresiones más ricas y coloridas de esta tradición, otorgándole un carácter distintivo.
En el NOA, el recuerdo puede ir acompañado de rituales que parecen contradecir el dolor. El velorio de un niño, por ejemplo, puede transformarse en una suerte de fiesta —conocida como «velorio del angelito»—, no por desinterés, sino para agradecer a Dios la llegada de un nuevo ángel al cielo y rogar por su benevolencia. Es una celebración de la vida eterna, más que un lamento por la terrenal.
En Corrientes, la tradición toma un cariz lúdico y comunitario a través de la celebración de «Ángeles Somos». Cientos de niños se visten con túnicas blancas y aureolas, recorriendo las calles y golpeando puertas al son de «ángeles somos, ángeles somos, la bendición de Dios». No se trata de un pedido simple, sino de una bendición ofrecida a cambio de la «colación»: una ofrenda de chipá, pastelitos, frutas y golosinas que simboliza la abundancia y la interconexión entre el mundo de los vivos y el de los que ahora interceden desde el cielo.
Distancias y Similitudes: Una Tradición con Identidad Propia
Es inevitable trazar un paralelo con el Día de Muertos mexicano, que también dedica el 1 de noviembre a los niños difuntos. Sin embargo, la tradición argentina de los Angelitos mantiene una identidad propia, enfocada menos en el banquete y el recibimiento de las almas que regresan y más en la exaltación del niño a la categoría de ser celestial.
El Día de los Angelitos en Argentina es más que una simple fecha en el calendario; es una ventana a la forma en que la fe y la cultura popular se entrelazan para gestionar uno de los dolores más profundos: la pérdida de un hijo. Una tradición que, en su dualidad de luto y celebración, despierta una profunda curiosidad sobre la riqueza espiritual y social de la Argentina más tradicional.

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