El silencio después de un rayo en Coto Coto: A un año de la tragedia que paralizó al fútbol peruano
El 3 de noviembre siempre estará marcado en el calendario del fútbol regional peruano, no por una hazaña o un campeonato, sino por una tragedia tan súbita como ineludible. Hace exactamente un año, el estadio de Coto Coto en Chilca, Huancayo, se convirtió en el escenario de un suceso que paralizó al país, al confirmar que la pasión deportiva puede colisionar, de forma cruel e inesperada, con la fuerza indomable de la naturaleza.
Aquel domingo de 2024, una jornada deportiva que enfrentaba a los equipos locales Juventud Bellavista y Familia Chocca prometía emoción en el ambiente, pero culminó en luto. El protagonista involuntario de la jornada fue José Hugo de la Cruz Meza, un defensor cuya vida se apagó de forma trágica y fulminante al ser alcanzado por un rayo.

La Tarde que la Naturaleza Decretó el Final
La narración de los hechos es un escalofriante recordatorio de la fragilidad humana ante los fenómenos naturales. La tarde había comenzado con nubes dispersas, pero el ambiente se fue oscureciendo rápidamente. Una gran tormenta eléctrica se desató sobre Chilca. Con la visibilidad y la seguridad comprometidas, las autoridades del partido, en un acto de prudencia, habían decretado la suspensión del encuentro. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde.
El momento del impacto, sin embargo, ocurrió justo cuando los futbolistas intentaban abandonar el césped. Mientras se retiraban, la descarga eléctrica descendió de los cielos. No fue un aviso, sino un golpe certero. El rayo impactó al grupo de jugadores con una violencia que superó toda previsión. José Hugo de la Cruz Meza, el defensor de Juventud Bellavista, perdió la vida en el acto.

Pero el rayo no solo se llevó una vida. Su poder destructivo se propagó, dejando a varios otros jugadores gravemente heridos. Entre los sobrevivientes, el caso más resonante fue el del portero Juan Choca, cuñado del jugador fallecido. Choca, según los reportes médicos de aquel día, sufrió quemaduras de primer grado y quedó con una ceguera parcial, secuelas permanentes de un trauma que lo acompañarán por el resto de su vida.
La Evidencia Ineludible y el Eco de la Alarma
La magnitud del suceso quedó grabada, literalmente, para la posteridad. Un video captado por espectadores se convirtió en un documento crudo y estremecedor de la tragedia. La grabación, que circuló ampliamente en plataformas digitales, reflejó el instante exacto en que el rayo impactó el campo, mostrando en cámara lenta una nube de humo y polvo que envolvía la zona, mientras varios jugadores colapsaban de forma simultánea. Esta evidencia audiovisual se convirtió en el testimonio irrefutable de la fuerza ciega del fenómeno.

Los otros futbolistas afectados, trasladados de inmediato al Hospital Carrión de Huancayo, fueron identificados por el periódico peruano Trome como Erick Estiven Ccente Cuyllor (19 años), Joshep Gustavo Pariona Chocca (16), y Cristian César Pituy Cahuana (24). Si bien la rápida respuesta de los servicios de emergencia fue crucial para su atención, los galenos solo pudieron confirmar, a su llegada, el fallecimiento de De la Cruz.
Un Legado y la Necesidad de la Prevención
A un año de distancia, la conmoción en la comunidad de Chilca y Huancayo permanece latente. José Hugo de la Cruz Meza no era solo un futbolista regional; era un apasionado del deporte y un miembro querido de su localidad, cuya ausencia ha dejado una huella imborrable. El traslado de sus restos a la morgue en aquel momento dio inicio a un duelo que trascendió lo deportivo.
No obstante, el eco de esta tragedia ha generado un debate crucial que, con el tiempo, debe traducirse en acción. El incidente encendió una alerta sobre la necesidad de protocolos más estrictos ante condiciones climáticas adversas en los estadios peruanos. La suspensión del partido fue una medida precautoria, pero el rayo no dio el tiempo suficiente para una evacuación segura.

La Federación Peruana de Fútbol y otras organizaciones deportivas se comprometieron, tras expresar sus condolencias, a revisar y mejorar las medidas de seguridad. El trágico destino de De la Cruz Meza y las lesiones de sus compañeros son un recordatorio perenne: la pasión por el juego nunca debe estar por encima de la seguridad de quienes lo practican.
El 3 de noviembre se ha convertido en una fecha para el recuerdo, la reflexión y, sobre todo, para la exigencia de prevención. La historia de Coto Coto es un llamado a la conciencia de que, en ocasiones, el enemigo no es el rival en el campo, sino la inmensidad impredecible del cielo. La curiosidad que despierta esta tragedia es un doloroso recordatorio de cuánto falta por hacer para proteger a los deportistas de una amenaza tan silenciosa como letal.

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