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¿Por qué morían los bebés prematuros?

Publicado por

Break Curioso

el

17 de noviembre de 2025
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El misterio de los pulmones colapsados: La pediatra que salvó cientos de miles de vidas

¿Sabías que una pediatra con una curiosidad incansable desveló el secreto detrás de la trágica muerte de miles de bebés prematuros, un hallazgo que transformó la neonatología mundial y se le atribuye haber salvado más de 830.000 vidas?

Durante décadas, el nacimiento prematuro era una sentencia de muerte para muchos infantes. Apenas podían respirar; sus pequeños pulmones parecían misteriosamente «cerrados» o colapsados. La causa era un enigma médico, y ante la impotencia, poco o nada se podía hacer para revertir esta fatal dificultad respiratoria.

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Piden sanción ante negligencia médica

La Dra. Avery y el crucial descubrimiento de 1959

La heroína de esta historia es la Dra. Mary Ellen Avery, también conocida cariñosamente como «Mel». En la década de 1950, mientras realizaba una beca de investigación en pediatría en la prestigiosa Facultad de Medicina de Harvard, la Dra. Avery se propuso desentrañar este mortal misterio. Su trabajo pionero se centró en la comparación de los delicados pulmones de bebés fallecidos por el Síndrome de Dificultad Respiratoria (SDR) con los pulmones de animales sanos.

Lo que descubrió fue un detalle minúsculo, pero de importancia monumental. La clave no era lo que estaba presente, sino lo que estaba ausente. «Todo se debe a que tenían algo que no necesitaban antes de nacer… pero después del nacimiento, sin esa sustancia, no podían vivir más de uno o dos días,» explicó Avery. Lo que la Dra. Avery identificó fue una capa espumosa vital: el surfactante pulmonar.

Este hallazgo sentó las bases para un artículo revolucionario publicado en el American Journal of Diseases of Children en 1959, que marcó el inicio de una nueva era en el cuidado neonatal.


El surfactante: El «lubricante» que mantiene vivos los alvéolos

Pero, ¿qué es exactamente esta sustancia y por qué es tan crucial? El surfactante pulmonar es un complejo compuesto de lípidos y proteínas que actúa como un «agente anti-colapso» dentro de nuestros pulmones. Su función esencial es recubrir la superficie interior de los alvéolos (las diminutas bolsas de aire donde ocurre el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono), disminuyendo drásticamente su tensión superficial.

Imagina un globo que se pega a sí mismo si no tiene una capa interior. Si no fuera por el surfactante, la tensión superficial del líquido que recubre los alvéolos haría que estos se cierren y colapsen con cada exhalación. En un bebé a término, la producción de surfactante está plenamente establecida. Sin embargo, los bebés nacidos antes de las semanas 34-36 de gestación no han desarrollado aún una cantidad suficiente de este compuesto vital.

Esta deficiencia provoca el Síndrome de Dificultad Respiratoria Neonatal (SDRN), donde la respiración se convierte en un esfuerzo agotador y fútil, llevando al agotamiento y a complicaciones graves.


Un legado que cambió las estadísticas mundiales

El descubrimiento de la Dra. Avery permitió el desarrollo de la Terapia de Reemplazo de Surfactante. Este tratamiento consiste en administrar surfactante exógeno (generalmente derivado de animales) a los bebés prematuros a través de un tubo endotraqueal. Al compensar el déficit, se permite que los alvéolos se mantengan abiertos y el intercambio gaseoso se realice de manera efectiva. El tratamiento puede ser preventivo (profiláctico) o de emergencia (de rescate), y a menudo se combina con la técnica de Presión Positiva Continua en las Vías Aéreas (CPAP).

El impacto de su trabajo es innegable y se refleja en las estadísticas. En Estados Unidos, mientras que hace décadas se registraban cerca de 10.000 muertes infantiles anuales por SDR, para 1995 esa cifra había caído drásticamente a 1.460 al año.

Mary Ellen Avery, quien aspiraba a ayudar a «las madres del mundo que comparten la causa común de que la vida sea buena para sus hijos», nos dejó en 2011 a los 84 años. Pero su legado, plasmado en una simple sustancia espumosa, sigue siendo la diferencia entre la vida y la muerte para cientos de bebés prematuros en todo el planeta. Su historia es un recordatorio del poder transformador de la curiosidad científica en beneficio de la vida humana.

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