Hace 62 Años: El disparo que paralizó al mundo y abrió la caja de pandora de la duda
22 de Noviembre de 1963. Una fecha que resuena con un eco sombrío en la historia moderna. Hace hoy 62 años, en las soleadas calles de Dallas, Texas, la promesa encarnada del presidente John Fitzgerald Kennedy se desvaneció en un instante brutal. El asesinato del 35.º presidente de los Estados Unidos no fue solo el fin prematuro de una vida y una carrera, sino un cataclismo que sacudió los cimientos de la confianza pública y desató un torrente de preguntas sin respuesta que aún hoy, seis décadas después, alimentan la curiosidad y la especulación global.
Conocido afectuosamente como «Jack» o por sus inconfundibles iniciales, JFK, Kennedy (nacido en Brookline, Massachusetts, el 29 de mayo de 1917) representaba una nueva generación de liderazgo. A sus 43 años, se convirtió en el hombre más joven elegido para la presidencia, tras una ajustadísima victoria contra el republicano Richard Nixon en 1960.

Su meteórica ascenso a la Casa Blanca fue precedido por una trayectoria marcada por el heroísmo. Graduado de la Universidad de Harvard, Kennedy se unió a la Reserva Naval durante la Segunda Guerra Mundial. Su valentía como comandante de la lancha torpedera PT-109 en el Pacífico Sur, donde lideró a su tripulación a la supervivencia tras ser impactados por un destructor japonés, le otorgó una popularidad instantánea que capitalizó para lanzar su carrera política. Representó a Massachusetts en la Cámara de Representantes y luego en el Senado antes de dar el salto a la presidencia.
La batalla fría y la nueva frontera
La era de Kennedy fue la del apogeo de la Guerra Fría, una época de profundas tensiones geopolíticas que definieron gran parte de su política exterior. Su presidencia estuvo dominada por el pulso con la Unión Soviética y el espinoso asunto de Cuba. En 1961, autorizó la fallida invasión de Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro.
El punto de máxima tensión llegó en octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles de Cuba, cuando el descubrimiento de bases de misiles soviéticos en la isla acercó al mundo al borde de una guerra nuclear. Kennedy demostró una audaz contención, logrando una resolución que, aunque tensa, evitó la catástrofe. A esto se sumó la respuesta firme a la construcción del Muro de Berlín en 1961 y la firma del primer tratado de armas nucleares en 1963.
Internamente, su visión de la «Nueva Frontera» inspiró el establecimiento del Cuerpo de Paz, la Alianza para el Progreso con América Latina, y el ambicioso programa Apolo para llevar un hombre a la Luna. También fue un defensor del movimiento por los derechos civiles, aunque su impacto legislativo fue limitado antes de su muerte.
Dallas: El reloj se detiene
El 22 de noviembre de 1963, a las 12:30 p.m., mientras la limusina presidencial descapotable recorría la calle Elm de Dallas, durante una gira política por Texas, el mundo cambió. Los disparos que impactaron a Kennedy sellaron un destino trágico, convirtiéndole en el cuarto presidente en funciones en ser asesinado. Fue declarado muerto apenas media hora después.

Inmediatamente, la atención se centró en el presunto tirador: Lee Harvey Oswald. Arrestado rápidamente, Oswald fue señalado como el autor solitario del magnicidio, disparando desde el Depósito de Libros Escolares de Texas. Sin embargo, el destino quiso que la verdad (al menos la versión oficial) nunca se sometiera a un juicio. Dos días después, mientras era trasladado, Oswald fue fatalmente tiroteado por Jack Ruby, el dueño de un club nocturno de Dallas.
La sombra de la conspiración: preguntas que perduran
La muerte de Oswald desató un aluvión de escepticismo. La posterior Comisión Warren concluyó en 1964 que Oswald había actuado en solitario. Sin embargo, las inconsistencias, los testigos y el aura de tragedia política que rodeaba el evento, alimentaron un debate incesante.
En 1979, el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos reavivó la llama de la duda, estimando que «pudo existir una conspiración» y que el asesinato no fue obra de un único tirador. La naturaleza inconclusa de la investigación, sumada al impactante asesinato de Oswald, ha engendrado una inmensa cantidad de teorías sobre el magnicidio, involucrando a la mafia, la CIA, disidentes cubanos e incluso al propio vicepresidente Lyndon B. Johnson (quien asumió el cargo inmediatamente).
El asesinato de JFK es mucho más que un capítulo histórico; es una herida abierta en la psique estadounidense. Su figura sigue siendo vista como un icono de la esperanza y la aspiración, y es consistentemente estimado en encuestas como uno de los mejores presidentes.
Su entierro, con honores de estado, en el Cementerio Nacional de Arlington, junto a la llama eterna, se convirtió en un símbolo de la luz truncada. Su legado, sin embargo, reside en la incitación a la duda y en la eterna pregunta: ¿Quién mató a JFK y por qué? Es esta persistente curiosidad lo que garantiza que la figura de John F. Kennedy y el fatal día en Dallas sigan siendo un tema de intenso estudio y debate para las generaciones venideras.

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