¿El diablo obligó a matar? El histórico juicio de posesión demoniaca que inspiró al film El Conjuro 3
En 1981, un tranquilo suburbio de Connecticut se convirtió en el epicentro de una controversia legal y mediática sin precedentes. ¿Qué harías si la única explicación para un crimen horrendo fuera que la persona estaba siendo controlada por una entidad maligna?.
El caso de Arne Cheyenne Johnson, tristemente célebre como el juicio de «El Diablo me hizo hacerlo», no solo marcó la primera vez que la defensa de posesión demoníaca se presentó en un tribunal estadounidense, sino que desató un debate fascinante sobre la línea entre la responsabilidad personal, la salud mental y lo que yace en las sombras de lo inexplicable.
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Un asesinato en la tranquilidad de Brookfield
Los hechos tuvieron lugar el 24 de noviembre de 1981, en Brookfield, Connecticut. La víctima fue Alan Bono, el casero y jefe de Arne Johnson y su novia, Debbie. El ambiente se había tensado tras una jornada de bebida. Según los relatos, Bono, en estado de embriaguez, se puso agresivo e intentó retener a la prima de nueve años de Debbie, Mary.
Arne Johnson, quien había regresado al apartamento, intervino. Lo que siguió fue una escena de caos: Johnson, descrito por un testigo con gruñidos «como un animal», sacó un puñal de 13 cm y apuñaló a Bono repetidamente, causándole la muerte horas después. Fue el primer asesinato en la historia de Brookfield. Johnson fue arrestado a solo tres kilómetros de la escena. La evidencia física parecía contundente, pero la explicación que ofreció la defensa resonaría en todo el mundo.

El argumento de la inocencia sobrenatural
Para la familia de Johnson y su novia, la respuesta al porqué de un acto tan brutal no era terrenal. Su argumento se basó en una aterradora cadena de acontecimientos que se remontaba a meses antes. El foco inicial de esta supuesta actividad demoníaca era David Glatzel, el hermano de ocho años de Debbie.
Según el testimonio familiar, el niño había sido anfitrión de un demonio, experimentando situaciones ominosas y aterradoras. Exhausta y sin respuestas convencionales, la familia Glatzel buscó la ayuda de los renombrados demonólogos, Ed y Lorraine Warren, conocidos mundialmente por su investigación en el caso del «Terror de Amityville». Con la participación de sacerdotes católicos, se llevó a cabo un exorcismo que se extendió por varios días. La familia y los Warren afirmaron que el proceso culminó cuando el demonio, al ser expulsado del cuerpo del niño, huyó e inmediatamente poseyó el cuerpo de Arne Johnson.

Varios meses después de este dramático evento, Johnson asesinó a Bono. El abogado de Johnson, Martin Minnella, se preparó para argumentar ante el tribunal que su cliente no era responsable, sino una víctima de la posesión demoníaca.
La batalla legal: Ciencia vs. lo oculto
El caso atrajo un «bombardeo mediático». Los Warren, con sus agentes, avivaron la llama de la notoriedad, prometiendo libros, conferencias y una película. El abogado Minnella recibió llamadas de todo el planeta sobre lo que se bautizó como el «Juicio por Asesinato Demoníaco».
El juicio comenzó el 28 de octubre de 1981, en la Corte Superior de Connecticut en Danbury. Minnella intentó presentar la declaración de no culpabilidad por posesión, pero el juez presidente, Robert Callahan, actuó con rapidez y decisión. Callahan rechazó firmemente el argumento, declarando que una defensa basada en la posesión demoníaca «nunca podría ser probada» y era, por lo tanto, «irracional y no científica» para un tribunal de justicia.

Ante la prohibición de usar la posesión como explicación legal, la defensa se vio obligada a girar el enfoque e insinuar que Johnson había actuado en defensa propia. Esto significaba que el jurado tenía prohibido considerar cualquier explicación sobrenatural para el crimen.
El veredicto y el legado inesperado
Después de 15 horas de deliberación a lo largo de tres días, el jurado condenó a Arne Cheyenne Johnson por homicidio en primer grado el 24 de noviembre de 1981. Fue sentenciado a 10-20 años de prisión, una condena considerablemente menor de lo que podría haber enfrentado por asesinato, un detalle que algunos especulan podría ser un reconocimiento tácito del ambiente atenuante del caso. Johnson finalmente cumplió solo cinco años.
Aunque la defensa de la posesión fracasó legalmente, el caso de Arne Johnson logró algo único: obligó a un sistema de justicia moderno a confrontar abiertamente la posibilidad de una explicación sobrenatural para un crimen capital. La condena cerró el capítulo legal, pero no la fascinación pública.

El juicio de «El Diablo me hizo hacerlo» continúa siendo objeto de estudio y especulación. Ha sido representado en incontables libros y adaptaciones televisivas y cinematográficas, como la película The Conjuring: The Devil Made Me Do It de 2021. Este caso no solo dejó una marca indeleble en la historia judicial de EE. UU., sino que nos recuerda que, a pesar de nuestros avances en ciencia y derecho, la curiosidad humana por las fuerzas invisibles y el misterio del mal persiste.
¿Qué piensas? ¿Fue Arne Johnson un asesino, un hombre enfermo, o la víctima involuntaria de una fuerza oscura?

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