24 de noviembre de 2009: La expedición que terminó en un monumento ineludible bajo tierra
Hace dieciséis años, en las profundidades de una cueva de Utah cuyo nombre evoca la suavidad de la arcilla —Nutty Putty (Masilla de Nuez)—, la curiosidad humana se topó con una de sus limitaciones más fatales y permanentes.
Lo que comenzó como una emocionante aventura para John Edward Jones, un joven explorador de 26 años, culminó en un trágico evento que no solo le costó la vida, sino que también obligó a la cueva a sellar sus puertas para siempre, convirtiendo un punto de exploración popular en un mausoleo silencioso.
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La Promesa de la Oscuridad
El 24 de noviembre de 2009, John Jones se encontraba inmerso en su primera exploración de Nutty Putty, una cueva famosa entre la comunidad espeleológica por sus toboganes, túneles estrechos y una textura arcillosa que le daba su peculiar nombre. Aunque el sistema de cuevas había sido objeto de fascinación y miles de visitas desde su descubrimiento en 1960, su historia también estaba marcada por una serie de rescates previos que alertaban sobre la dificultad de sus pasajes.

Jones, impulsado por la adrenalina del descubrimiento, buscaba el famoso «Canal del Parto», un pasaje conocido por su estrechez y un giro final. Sin embargo, en la oscuridad laberíntica, se desvió. Cerca de una sección conocida como «Ed’s Push», Jones se aventuró por un pasadizo no mapeado que creyó, erróneamente, que era su objetivo. Al encontrar un callejón sin salida, detectó una fisura vertical, estrecha y descendente, que interpretó como el famoso giro.
Con la audacia que a menudo precede a la tragedia en la exploración, Jones se introdujo de cabeza en la fisura. En segundos, el error se hizo irrevocable: quedó atrapado boca abajo en una abertura de apenas 25 por 46 centímetros, a 120 metros de la entrada de la cueva.

“Realmente, realmente quiero salir”
Lo que siguió fue una carrera desesperada contra el tiempo, la geología y la fisiología humana. El hermano de John fue el primero en encontrarlo. Josh intentó jalarle las pantorrillas, pero fue en vano. John se deslizó aún más hacia abajo, quedando aún más atrapado. Tenía los brazos atrapados bajo el pecho y no podía moverse en absoluto.

El equipo de rescate que acudió en su ayuda enfrentó un obstáculo brutal: la fisura era casi completamente vertical. Al intentar tirar de él, sus pies chocaban contra el techo, y la posición invertida impedía cualquier extracción convencional. Tirar con fuerza era una opción de alto riesgo, pues podría haberle fracturado las piernas, con el riesgo de un shock fatal, mientras John sufría los devastadores efectos de estar boca abajo por tiempo prolongado.

Durante 26 horas, los rescatistas trabajaron incansablemente, instalando un sofisticado sistema de cuerdas y poleas. La esperanza se encendió brevemente, pero la cueva demostró ser un adversario implacable. El sistema de rescate falló bajo tensión, un catastrófico revés que devolvió a Jones al agujero. Cada nuevo intento se veía frustrado, y el dolor de John se hacía audible en los gritos que resonaban en la oscuridad.

El cuerpo humano no está diseñado para soportar la inversión continua. La presión sobre los órganos y la dificultad para respirar pasaron factura. Tras aproximadamente 28 horas de agonía y esfuerzo físico extremo, John Jones perdió la conciencia. Un paro cardíaco confirmó el desenlace fatal, sucumbiendo al esfuerzo ejercido sobre su cuerpo en esa posición comprimida e invertida.
Un Mausoleo Subterráneo y Sellado
Pero la historia de John Jones no concluyó con su muerte. Lo que sucedió después es un dato singular y perturbador que sella su legado a la cueva.
La conclusión del equipo de rescate y las autoridades fue solemne: era demasiado peligroso intentar recuperar su cuerpo. La forma del pasadizo y el riesgo que implicaría para los rescatistas intentar la extracción forzaron una decisión sin precedentes.

De común acuerdo, el terrateniente y la familia de Jones decidieron que Nutty Putty se convertiría en su lugar de descanso final. El 3 de diciembre de 2009, se utilizaron explosivos para derrumbar el techo del pasadizo cercano, y todos los accesos a la cueva se sellaron permanentemente rellenándolos con concreto. Nutty Putty, una vez un imán para exploradores, quedó convertida en un monumento, inaccesible para siempre, con el fin de evitar que una tragedia similar volviera a ocurrir.

La decisión generó oposición entre algunos espeleólogos que lamentaron la pérdida de un popular sistema de cuevas. Sin embargo, la resolución se mantuvo firme, protegida incluso por agentes de seguridad para disuadir a quienes intentaban acceder a la propiedad.
Hoy, la historia de John Jones, que un 24 de noviembre comenzó con un corazón lleno de ilusión y terminó sellada bajo toneladas de hormigón, se mantiene como un recordatorio sombrío de los riesgos inherentes a la exploración y de que, a veces, la naturaleza dicta el lugar de nuestro reposo final. El misterio y la masilla de Nutty Putty aún guardan, en su oscuridad inquebrantable, al aventurero que se atrevió a ir un paso más allá del mapa.


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