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¿Sabías que el auto eléctrico es más viejo que el de gasolina?

Publicado por

Break Curioso

el

26 de noviembre de 2025
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Los autos eléctricos son mucho más viejos de lo que creemos: La historia olvidada del transporte silencioso

En la actualidad, los vehículos eléctricos (VE) se presentan como la punta de lanza de la innovación, la respuesta limpia a la crisis climática y el futuro ineludible del transporte. Marcas icónicas compiten por ofrecer la mayor autonomía, la carga más rápida y las prestaciones más futuristas. Pero, ¿qué pasaría si le dijéramos que el concepto de movilidad eléctrica no solo no es nuevo, sino que fue el rey de las calles antes de que el rugido de la gasolina se apoderara del mundo?

Retroceda más de un siglo y descubra la fascinante y casi olvidada era en la que los coches eléctricos no solo existían, sino que gozaban de una popularidad que, porcentualmente, solo ahora están volviendo a alcanzar. Prepárese para un viaje que le demostrará que, a menudo, el futuro es simplemente un eco mejorado del pasado.

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El origen silencioso: Más antiguo que la gasolina

La invención del primer vehículo eléctrico es un capítulo con múltiples padres. Mientras que el famoso Benz Patent-Motorwagen de 1885 es a menudo citado como el primer automóvil de combustión, los experimentos con la electricidad sobre ruedas comenzaron mucho antes.

Hacia 1828, un sacerdote húngaro, Ányos Jedlik, ya había creado un pequeño coche impulsado por un motor eléctrico embrionario. En las décadas de 1830 y 1840, inventores como el escocés Robert Anderson y el estadounidense Thomas Davenport continuaron con prototipos que demostraban la viabilidad de la tracción eléctrica.

Un hito notable fue en 1835, cuando el profesor Sibrandus Stratingh de los Países Bajos y su asistente crearon un coche eléctrico a pequeña escala. Estos tempranos modelos, si bien rudimentarios, sentaron las bases de una revolución que llegaría a dominar el paisaje urbano.

La era dorada de los «Colibríes»

A finales del siglo XIX y principios del XX, los vehículos eléctricos no eran una excentricidad, sino una opción de transporte dominante y de prestigio. Su auge fue tal que, según reportes de la época, en el año 1900, el 28% de los automóviles fabricados en Estados Unidos eran eléctricos. Los vehículos a vapor constituían el 40%, dejando a los de gasolina en un distante 22%.

¿Qué hacía a los VE tan populares? Su atractivo era innegable:

  • Silenciosos: Frente al estruendo y la vibración de los primeros motores de gasolina.
  • Limpios: Una opción mucho más agradable que los vehículos a vapor o de gasolina, que dejaban olores desagradables.
  • Fáciles de Operar: No requerían la engorrosa y peligrosa manivela para el arranque, un factor de riesgo en los primeros coches de combustión. Tampoco exigían complicados cambios de marcha.

Su facilidad de uso hizo que fueran especialmente populares entre la clientela adinerada y, notablemente, se percibieron como el «coche apropiado para las mujeres de los conductores». De hecho, su operación sencilla llevó a algunos fabricantes a buscar cómo «disfrazar» su naturaleza eléctrica, llegando incluso a colocar radiadores simulados en la parte delantera.

El interés se tradujo en infraestructura. En ciudades como Nueva York, a finales del siglo XIX, ya existían flotas de taxis eléctricos y, lo que es aún más sorprendente, se instalaron columnas públicas para la recarga eléctrica con intensidad variable. En Londres, los taxis eléctricos de Walter C. Bersey de 1897 fueron apodados cariñosamente «los colibríes» por el suave zumbido de su marcha.

Rompiendo la barrera del rango

Uno de los desafíos iniciales era la autonomía limitada. Los primeros VE se limitaban a unos 32 km/h y tenían un rango modesto, lo que los confinaba al uso urbano. Sin embargo, visionarios como Thomas Alva Edison intervinieron. En 1905, las baterías recargables de níquel-hierro desarrolladas por Edison no solo mejoraron el alcance, sino que algunos coches eléctricos llegaron a superar los 130 km/h.

La audacia de inventores como Oliver P. Fritchle, quien en 1908 aseguró que su coche podía recorrer 161 km con una sola carga nocturna, se convirtió en una leyenda. Tras ser recibido con escepticismo, Fritchle se embarcó en su propio road-trip de demostración, cimentando la confianza y atrayendo pedidos de todo el país.

Incluso existieron soluciones muy avanzadas para su época para combatir la «ansiedad de rango». En 1896 se propuso un servicio de baterías intercambiables, puesto en práctica en Chicago entre 1910 y 1924, donde el propietario compraba el vehículo sin la batería y pagaba una tarifa por la energía y el servicio de intercambio rápido, cubriendo más de 6 millones de millas.

El gigante dormido: ¿Por qué desaparecieron?

Si los eléctricos eran tan superiores en confort y limpieza, ¿por qué perdieron la batalla? El declive del VE fue el resultado de una convergencia de factores que favorecieron a la combustión interna:

  1. El Modelo T y la Producción en Masa: La industrialización de Henry Ford y su Modelo T en 1908 redujo drásticamente el precio de los coches de gasolina, haciéndolos accesibles para las clases populares.
  2. Innovación en Gasolina: El gran punto débil del motor de gasolina, el arranque con manivela, fue eliminado con la invención del motor de arranque eléctrico por Charles Kettering en 1912. Además, el silenciador de Hiram Percy Maxim hizo que el ruido fuera más tolerable.
  3. Infraestructura y Combustible: La mejora de las carreteras y el descubrimiento de grandes reservas de petróleo abarataron la gasolina y exigieron vehículos con un mayor rango para viajes de larga distancia, un ámbito donde el coche eléctrico, a pesar de los avances, seguía en desventaja.

El resultado fue que, para la década de 1920, la época dorada de los eléctricos había terminado, y para la década de 1930, la industria automotriz eléctrica de consumo prácticamente había desaparecido.

Hoy, más de un siglo después, la historia parece estar completando un círculo. Los desafíos climáticos, el agotamiento de los combustibles fósiles y, sobre todo, los avances tecnológicos en baterías y motores han traído de vuelta al «colibrí» para reclamar su lugar.

La próxima vez que vea un vehículo eléctrico circulando en silencio por la ciudad, recuerde que no está presenciando una invención del siglo XXI, sino un regreso triunfal y la culminación de una historia fascinante que comenzó hace casi doscientos años.

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