El Caso Lorys Stival, un niño de tan solo ocho año asesinado por su madre y el espeluznante motivo
29 de noviembre de 2014: una fecha que quedó grabada con tinta trágica en la memoria de la pequeña localidad de Santa Croce Camerina, en la provincia de Ragusa, Sicilia, Italia. Aquel sábado, lo que comenzó como la denuncia de una desaparición infantil, escaló rápidamente hasta convertirse en uno de los crímenes más resonantes y escalofriantes de la crónica negra italiana: el asesinato de Lorys Andrea Stival, un niño de tan solo ocho años.
El caso, que se extendió por años en los tribunales y acaparó la atención mediática, no solo conmocionó por la víctima, sino por el espeluznante giro que tomaron las investigaciones, que terminaron apuntando al corazón mismo del núcleo familiar.
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La desaparición y el hallazgo
Los hechos se precipitaron alrededor de la 1:00 p.m. de aquel 29 de noviembre. Verónica Panarello, de 26 años, madre de Lorys, se presentó ante la comisaría de los Carabineros para reportar que su hijo había desaparecido. Su versión inicial era clara: lo había dejado esa mañana en el instituto «Psaumide» de camino a casa.

Sin embargo, esta afirmación fue inmediatamente contradicha por los profesores de la escuela, quienes fueron categóricos: Lorys Stival no se había presentado a clases ese día. Nadie había visto a la madre en la entrada de la escuela.
Se activó una intensa búsqueda que, tras un rastreo inicial por el centro de la ciudad, se extendió a las afueras. La esperanza se disolvió en horror apenas unas horas después. Cerca de las 4:00 p.m., la centralita de Carabineros recibió una llamada de Orazio Fidone, un cazador jubilado que alertaba sobre el hallazgo de un cuerpo infantil.

El cadáver del pequeño Lorys fue encontrado arrojado en un barranco cerca del paraje conocido como Mulino Vecchio. La escena y el posterior reconocimiento de la madre confirmaron la peor de las pesadillas.
Las sospechas y la autopsia
Tras el macabro descubrimiento, las investigaciones se iniciaron en todas las direcciones. Pero pronto, de manera inesperada, se concentraron de forma exclusiva en Verónica Panarello. Tras ser interrogada, la joven madre fue detenida y acusada de asesinato y ocultamiento de cadáver.

La autopsia fue crucial y aportó datos escalofriantes: el niño había fallecido entre las 8:30 y las 10:00 a.m. del mismo día de su «desaparición» a causa de estrangulamiento. El cuerpo también presentaba otros signos de violencia. Posteriormente se esclareció que la causa del estrangulamiento habrían sido unas bridas de plástico.
Panarello afirmó haberle dado a Lorys esas bridas para una supuesta actividad escolar, un hecho que también fue negado por los profesores. Mientras el pequeño Lorys era despedido en un funeral oficiado en la Iglesia de San Giovanni Battista, su madre permanecía en prisión preventiva, ausente de la ceremonia.
Las versiones de la sospechosa
Lo que mantuvo a Italia en vilo fue la turbulenta y cambiante narrativa de la principal acusada. Durante casi un año, Panarello mantuvo su declaración de inocencia, asegurando que había dejado a Lorys en la escuela. Sin embargo, tras diez meses de prisión, comenzó a ofrecer sucesivas versiones alternativas de los hechos, todas ellas diferentes e inverosímiles, que la situaban como protagonista del drama:
- La rabieta infantil: Una primera versión atribuía la tragedia a una rabieta de Lorys por no querer ir a la escuela, que habría desencadenado una reacción violenta por parte de la madre.
- El accidente doméstico: Una segunda versión alegaba que, mientras ella lavaba ropa, Lorys, jugando con las bridas de plástico, se las habría apretado accidentalmente alrededor del cuello, estrangulándose a sí mismo. Ella habría intentado ayudarlo demasiado tarde y, por temor a su esposo, habría decidido deshacerse del cuerpo y esconder su mochila.
- La coartada del amante: En 2016, llegó la versión más explosiva y dramática. Verónica Panarello acusó a su propio suegro, Andrea Stival (abuelo paterno de Lorys), de ser el autor material del asesinato. Ella alegó que mantenía una relación clandestina con su suegro, que Lorys había descubierto y amenazado con revelar a su padre. Según este relato, el abuelo lo habría estrangulado con un cable eléctrico y ella, al llegar, le habría ajustado las bridas para simular la escena, colaborando luego para arrojar el cuerpo al barranco. Esta acusación fue rotundamente rechazada por Andrea Stival, quien la tachó de calumnia.


El veredicto final
Las múltiples versiones no lograron convencer a la justicia italiana. El 17 de octubre de 2016, al término del juicio, que se llevó a cabo bajo un procedimiento abreviado, Verónica Panarello fue condenada a 30 años de prisión por el asesinato de su hijo.
Esta sentencia fue confirmada en julio de 2018 por el Tribunal de Apelación de Catania y, de forma definitiva, por el Tribunal Supremo de Casación el 21 de noviembre de 2019. Además de la condena por homicidio, Panarello fue condenada a dos años de prisión por calumnia y difamación contra su suegro, Andrea Stival, una condena confirmada en octubre de 2023.

El caso Lorys Stival, con sus giros, mentiras y una verdad final tan dolorosa como incomprensible, no solo desveló un crimen atroz, sino que expuso las complejas y oscuras dinámicas que pueden esconderse tras la fachada de una vida familiar aparentemente normal. A casi una década del suceso, la tragedia de Santa Croce Camerina sigue siendo un inquietante recordatorio de que la oscuridad, a veces, se esconde donde menos se espera.

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