Paradojas: Un día como hoy, Félix Batista, un experto en antisecuestros desapareció sin dejar rastro
10 de diciembre de 2008: Saltillo, Coahuila, México. Esta fecha marca el inicio de uno de los casos más desconcertantes y silenciosos en la historia de las desapariciones de alto perfil: la de Félix I. Batista, un cubano-estadounidense con una trayectoria que desafía la lógica de su propio destino. Hoy se cumplen 17 años desde aquel día, y el manto de misterio que envuelve su secuestro no ha hecho más que volverse más denso.
Batista no era un ciudadano común. Ex mayor del ejército de los EE. UU. y consultor de la firma de seguridad ASI Global con sede en Houston, Texas, era una figura reconocida en el círculo de la gestión de crisis. Su especialidad era irónicamente la lucha contra la que se convertiría en su verdugo: el secuestro.
Te puede interesar: Susan Powell: Desaparición y el secreto familiar

Las cifras hablan por sí solas de su pericia: se le atribuye haber negociado la resolución de cerca de 100 casos de secuestro y rescate, docenas de ellos en México, un país con una compleja problemática de seguridad. Su vida era una constante danza en el alambre, equilibrando la diplomacia y la amenaza en los rincones más oscuros.
Paradójicamente, la jornada en Saltillo no era una misión encubierta; estaba allí para compartir su conocimiento, dando consejos sobre cómo evitar ser víctima de este flagelo. Sin embargo, su propio expertise no pudo evitar lo inevitable.
Su desaparición
Los detalles de su desaparición, tal como trascendieron, son dignos de un guion de thriller. Batista se encontraba en un restaurante, inmerso en la negociación para la liberación de un amigo. En medio de la tensión, recibió una llamada crucial: la víctima había sido liberada y un coche iba a buscarlo. Al salir, sin embargo, el vehículo que lo esperaba era una trampa.

Fue obligado a subir a un jeep por un grupo de cuatro personas. Lo que añade un giro escalofriante al relato es que, apenas una hora después, su amigo, el secuestrado original, fue liberado. ¿Fue la liberación de su amigo la moneda de cambio para su propia captura? ¿O fue la noticia de su éxito una estratagema para atraerlo fuera de la seguridad del restaurante?
Desde ese instante, el rastro de Félix I. Batista se desvaneció por completo. La familia emitió un comunicado indicando que no había señales de violencia en el lugar del secuestro, lo que sugiere una operación limpia, profesional y quizás planificada por alguien que conocía sus movimientos. El silencio ha sido la respuesta más ensordecedora.

Nadie se ha comunicado con la familia ni ha reivindicado el secuestro, al menos públicamente, durante años. El caso se ha mantenido en un estado de limbo, un expediente abierto que simboliza el poder del crimen organizado para hacer desaparecer a aquellos que se atreven a desafiarlo, incluso a los más preparados.
El caso de Batista plantea preguntas inquietantes que aún resuenan 17 años después: ¿Quién se llevaría a un experto en antisecuestro? ¿Fue una venganza por un caso anterior, la eliminación de un adversario temido, o el deseo de adquirir sus valiosos conocimientos? El silencio que rodea el paradero de Félix I. Batista es un recordatorio de que, a veces, los mayores enigmas no se resuelven, solo se acumulan con el paso del tiempo.

Deja un comentario