Un día como hoy: A 20 años del «Robo del Siglo», el golpe que desafió a la lógica y al poder
Existen fechas que quedan grabadas en la memoria colectiva no por la tragedia, sino por la audacia de quienes decidieron desafiar lo establecido. Un día como hoy, el 13 de enero de 2006, la apacible tarde de Acassuso, en el partido de San Isidro, se convirtió en el escenario de una obra maestra de la delincuencia técnica y creativa: el asalto a la sucursal del Banco Río.
Lo que comenzó como un aparente robo con toma de rehenes terminó siendo el «Robo del Siglo», una maniobra que dejó a la policía argentina en ridículo y a la opinión pública estupefacta.
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El génesis de un plan maestro
A diferencia de los crímenes convencionales nacidos de la marginalidad, este golpe fue gestado en la mente de un artista plástico y profesor de artes marciales: Fernando Araujo. En 2004, Araujo no buscaba violencia, sino la ejecución de un concepto. Junto a Sebastián García Bolster, un técnico hábil capaz de manipular cualquier herramienta, comenzaron a estudiar la infraestructura del banco.
El obstáculo principal —la seguridad de la bóveda— fue sorteado con una idea brillante: si no se podía salir por la puerta, se saldría por debajo. El hallazgo de un desagüe a diez cuadras del banco fue la pieza del rompecabezas que faltaba. Para financiar y ejecutar la logística, se sumaron personajes de peso en el hampa, como Luis Mario Vitette Sellanes, quien aportó el carisma necesario para lo que vendría: la actuación de su vida.

La función de teatro más larga del mundo
A las 12:20 de aquel viernes, el grupo ingresó a la sucursal. Mientras el mundo exterior veía a través de las cámaras de seguridad a hombres armados y un despliegue de 23 rehenes, en el subsuelo se libraba la verdadera batalla. Vitette Sellanes, apodado «El hombre del traje gris», utilizó sus conocimientos de teatro para entablar una negociación con Miguel Sileo, el negociador de la Policía Federal.
La estrategia era simple: ganar tiempo. Mientras Vitette pedía pizzas, liberaba a una mujer embarazada y bromeaba con los efectivos del Grupo Halcón, el resto de la banda utilizaba el «Cañón Power» —una herramienta hidráulica artesanal— para reventar 143 cajas de seguridad. Afuera, cientos de policías rodeaban el edificio; adentro, el botín millonario se deslizaba por un boquete oculto detrás de un mueble, viajando en botes por los túneles subterráneos de la ciudad.

El mensaje del final
Cerca de las 19:00, cuando las fuerzas especiales finalmente irrumpieron en el banco, el silencio era absoluto. No había delincuentes, no había disparos y, lo más sorprendente, no había armas reales. En su lugar, la policía encontró réplicas de juguete y un mensaje escrito en un cartel que se volvería leyenda:
«En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores».
Los ladrones ya estaban lejos, brindando y repartiendo un botín que nunca pudo ser calculado con exactitud, mientras la camioneta Volkswagen Kombi se perdía en el anonimato del conurbano.

El epílogo: La caída por un despecho
La perfección del plan solo fue vulnerada por la naturaleza humana. No fue la inteligencia policial la que resolvió el caso, sino el despecho. Alicia di Tullio, esposa de Alberto de la Torre (uno de los integrantes), fue quien delató a la banda un mes después, aparentemente por temor a que su marido se fugara con otra mujer y el dinero.

A pesar de las condenas iniciales, que superaban los 20 años, la defensa logró demostrar que se utilizaron armas de juguete, lo que redujo drásticamente las penas. Para el año 2014, todos los protagonistas habían recuperado su libertad.
Hoy, a dos décadas de aquel suceso, el robo al Banco Río sigue generando una fascinación inusual. Fue el día en que el ingenio superó a la fuerza, recordándonos que, a veces, la realidad supera a la ficción más elaborada de Hollywood.

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