El soldado que el tiempo olvidó: La increíble odisea de András Toma
¿Es posible desaparecer del mundo estando a la vista de todos? La historia de la humanidad está llena de misterios, pero pocos son tan desgarradores y fascinantes como el de András Toma, un hombre que regresó de entre los muertos no por un milagro, sino por el hallazgo fortuito de un lenguaje que nadie quería escuchar.
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El recluta de Nyíregyháza
Nacido el 5 de diciembre de 1925, la vida de Toma fue marcada por la tragedia desde temprano tras perder a su madre a los cuatro años. Sin embargo, el verdadero giro cinematográfico —y trágico— de su existencia comenzó en 1944. A los 19 años, fue reclutado por el ejército húngaro en plena Segunda Guerra Mundial. Su unidad combatió en las cercanías de Auschwitz y Cracovia, en un escenario donde el mapa de Europa se redibujaba con sangre.
El 11 de enero de 1945, apenas meses antes del fin del conflicto, Toma fue capturado por el Ejército Rojo. Lo que para millones de soldados fue el inicio de un cautiverio con fecha de caducidad, para él fue el comienzo de un silencio que duraría más de medio siglo.

Perdido en la traducción: El diagnóstico del silencio
Tras ser trasladado por Ucrania y Bielorrusia, Toma terminó en un hospital militar en Bystryagi, a unos 1,000 kilómetros al este de San Petersburgo. Aquí es donde la burocracia y la barrera lingüística sellaron su destino. Toma solo hablaba húngaro, un idioma urálico que guarda poca o nula relación con las lenguas eslavas predominantes en la Unión Soviética.
Ante la imposibilidad de entender sus palabras, los médicos soviéticos llegaron a una conclusión errónea: decidieron que el soldado no hablaba un idioma real, sino un «geringonzo» inventado, fruto de una supuesta psicosis. En enero de 1947, fue enviado al hospital psiquiátrico de Kotélnich.
Mientras tanto, en su hogar, el rastro de András se desvanecía. Al no figurar en las listas oficiales de prisioneros de guerra, las autoridades húngaras se dieron por vencidas. En 1954, András Toma fue declarado legalmente muerto.
Cincuenta años de soledad lingüística
Durante las siguientes cinco décadas, Toma vivió bajo el nombre rusificado de András Tamás. Internado en una institución mental, rodeado de pacientes con trastornos reales y personal que hablaba una lengua que él no comprendía, el soldado se convirtió en un fantasma. Se estima que, debido a su aislamiento, no mantuvo una sola conversación con otro ser humano durante 53 años.

Su caso es hoy un objeto de estudio invaluable para la psicolingüística y la psiquiatría: ¿cómo sobrevive la mente humana y la capacidad del lenguaje ante tal nivel de ostracismo involuntario?
El regreso del «último prisionero»
El velo de silencio se rompió en el año 2000. Karol Moravčík, un lingüista eslovaco de ascendencia checa, visitó el hospital y, al escuchar hablar al anciano de 74 años, reconoció de inmediato que no eran balbuceos sin sentido, sino húngaro antiguo. No había locura; solo había un hombre que nadie había intentado comprender.

El 11 de agosto de 2000, András Toma regresó a una Hungría que ya no reconocía, pero que lo recibió como un héroe y una curiosidad histórica. Pruebas de ADN confirmaron su identidad y pudo reencontrarse con su hermanastra, Anna.
Un dato curioso: Como Toma nunca fue dado de baja oficialmente del ejército, el Ministerio de Defensa de Hungría lo ascendió a sargento mayor. Además, se le pagaron en su totalidad los salarios acumulados por sus más de 50 años de «servicio continuo», reconociendo así su tiempo de cautiverio como una extensión de su deber.
András Toma falleció el 30 de marzo de 2004. Su vida nos deja una pregunta inquietante: ¿cuántas historias permanecen hoy ocultas simplemente porque no hablamos el mismo idioma que quien las cuenta?


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