La inquietud de la noche: Un misterioso síndrome que podría afectar a una de cada diez personas en el mundo
¿Alguna vez ha sentido un impulso irresistible de mover las piernas cuando está intentando relajarse o dormir? Una sensación incómoda, como un cosquilleo, un hormigueo, o incluso una molestia dolorosa que solo se alivia caminando. Si su respuesta es sí, podría estar lidiando con el síndrome de Willis-Ekbom, más conocido como el síndrome de las piernas inquietas (SPI).
Este trastorno neurológico, que ha sido descrito como una «inquietud de la noche», podría afectar a una porción sorprendente de la población mundial, sin que muchos lo sepan.
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Una historia que se remonta al siglo XVII
Las primeras descripciones médicas de este peculiar trastorno se remontan al siglo XVII. El médico inglés Thomas Willis, quien fue médico de cabecera del rey Carlos II, fue el primero en documentar un caso en 1672. Sin embargo, no fue hasta 1945 que la denominación de «Piernas inquietas» se hizo oficial, gracias a la exhaustiva descripción del neurólogo sueco Karl Ekbom.
Él documentó la sintomatología y ocho casos, consolidando la base para su reconocimiento médico. A lo largo de los años, se ha intentado vincular sus causas con deficiencias de hierro, fallos renales crónicos, e incluso a los niveles de estrógenos, lo que explica su mayor incidencia en mujeres y durante el embarazo.
Más que una simple molestia
Aunque no es una enfermedad mortal, el SPI puede tener un impacto significativo en la calidad de vida. Las sensaciones desagradables y el impulso incontrolable de moverse a menudo interfieren con el sueño, lo que lleva a la fatiga diurna, ansiedad y, en casos severos, depresión. Es un ciclo vicioso: el insomnio crónico agrava el estrés, lo que a su vez puede intensificar los síntomas del síndrome.
La falta de un diagnóstico adecuado es un gran obstáculo; muchos pacientes no son correctamente dirigidos a especialistas, como neurólogos, que podrían ayudarlos a manejar la condición. La buena noticia es que, en muchos países, existen asociaciones dedicadas a ofrecer apoyo y compartir experiencias entre quienes sufren este síndrome, creando una red de comprensión y alivio.
¿Un trastorno de origen racial o alimenticio?
Un dato curioso y fascinante es la disparidad en la prevalencia del SPI en diferentes partes del mundo. Se estima que afecta hasta un 10 % de la población europea y estadounidense, mientras que los casos diagnosticados son mucho más escasos en regiones como la India, Japón y Singapur. Algunos investigadores sugieren que esta diferencia podría deberse a factores raciales o étnicos, lo que abre un debate intrigante sobre la genética y el medio ambiente en la manifestación de este trastorno.
Además de los factores genéticos y la deficiencia de hierro, una revisión de 2019 arrojó una conexión sorprendente: la relación entre el SPI y el gluten. La investigación concluye que el síndrome de las piernas inquietas es el segundo trastorno del movimiento más frecuente relacionado con la sensibilidad al gluten, afectando a personas celíacas y no celíacas por igual. Lo más impactante es que más de la mitad de los pacientes experimentó una mejoría significativa con la eliminación estricta del gluten de su dieta, sin necesidad de ningún otro tratamiento adicional. Esto sugiere que, para una parte de los afectados, la solución podría estar en su plato, lo que añade una capa de complejidad a la búsqueda de un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Hacia un diagnóstico más acertado
Aunque no existe una cura definitiva, el SPI puede ser manejado. Además de la posible eliminación del gluten, se ha demostrado que evitar el tabaco, el exceso de cafeína y el alcohol puede aliviar los síntomas. También es fundamental tratar cualquier deficiencia de hierro subyacente. La medicina ha avanzado mucho desde las primeras observaciones de Willis, pero el síndrome de las piernas inquietas sigue siendo un rompecabezas.
Comprender sus múltiples facetas, desde sus orígenes históricos hasta sus posibles conexiones con la dieta y la genética, es crucial para ayudar a aquellos que sufren en silencio esta «inquietud de la noche». Un diagnóstico preciso y un tratamiento personalizado pueden ser la clave para recuperar la tranquilidad perdida.
¿Cuál es la prevalencia del Síndrome?
Se estima que puede afectar hasta a un 10% de la población mundial, aunque muchos casos no son diagnosticados. Su prevalencia es significativamente mayor en poblaciones de origen europeo y estadounidense en comparación con las asiáticas.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se basa en la descripción de los síntomas por parte del paciente. Es crucial acudir a un neurólogo o a un especialista en sueño para un diagnóstico preciso. Un simple cuestionario o una entrevista médica detallada suelen ser suficientes.
¿Cómo se trata?
El tratamiento se enfoca en el alivio de los síntomas. Las estrategias incluyen:
- Modificaciones en la dieta: Se ha demostrado que la eliminación del gluten mejora los síntomas en un gran porcentaje de pacientes.
- Suplementos de hierro: Si se detecta una deficiencia, suplementar con hierro puede ser de gran ayuda.
- Cambios en el estilo de vida: Reducir el consumo de cafeína, alcohol y tabaco. Mantener una rutina de ejercicio moderado.
- Medicamentos: En casos severos, se pueden recetar fármacos que actúan sobre los niveles de dopamina.
El síndrome de las piernas inquietas nos recuerda que el cuerpo humano es un complejo misterio, y que a veces, las respuestas a nuestras dolencias más inusuales se encuentran en los lugares menos esperados, como la mesa o en nuestras propias raíces genéticas.
Cada 23 de septiembre se celebra el Día Mundial del Síndrome de Piernas Inquietas. Con este día se pretende concienciar a la población mundial acerca de los síntomas y causas, diagnóstico y tratamiento de este síndrome.

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