El eterno niño de la televisión: Miliki y la risa que cruzó el Atlántico
Un día como hoy, 4 de noviembre de 1929, nacía en Carmona, Sevilla, Emilio Aragón Bermúdez, un nombre que quizás no resuene de inmediato, pero que bajo el disfraz de «Miliki» se convirtió en el arquitecto de las risas de millones de niños en España y América Latina. Su legado no solo reposa en la nostalgia de una generación que creció al son de «Hola Don Pepito, hola Don José», sino en la dignidad de un oficio que él y su familia elevaron a la categoría de arte popular.
Miliki, el payaso, acordeonista y compositor, fue mucho más que un miembro de «Los Payasos de la Tele». Fue la culminación de una saga artística, la Familia Aragón, cuyo ADN circense se remonta a su padre, Emilio Aragón Foureaux, «Emig», del trío «Pompoff, Thedy y Emig». Desde muy joven, Emilio, junto a sus hermanos Gabriel («Gaby») y Alfonso («Fofó»), tomó el relevo, formando el legendario trío que inicialmente se conoció como «Gaby, Fofó y Emilín», y que pronto se convertiría en el icónico «Gaby, Fofó y Miliki».
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La Aventura Americana: Forjando un Fenómeno
Lo que muchos recuerdan en España como un fenómeno televisivo tardío, tuvo sus raíces y su consolidación en un exilio artístico que duró décadas y abarcó medio mundo. Tras iniciarse en el Circo Price de Madrid en los años 30, el trío emprendió un periplo que los llevó por Cuba, Estados Unidos, Puerto Rico, Venezuela y, de manera crucial, Argentina.
En 1970, el desembarco de los tres hermanos en Canal 13 de Argentina, junto a su sobrino Fofito, marcó un antes y un después. No solo conquistaron los corazones infantiles, sino que se integraron plenamente en la cultura local, compartiendo amistad con figuras de la talla de Cantinflas, Buster Keaton, Olinda Bozán y Carlitos Balá. Su paso por Mar del Plata, la grabación de discos y la realización de dos películas son testimonio de una conexión profunda con el público americano, aunque, lamentablemente, gran parte de su trabajo televisivo de esa época se encuentra «parcialmente perdido», un dato que añade un velo de misterio y valor a los pocos registros conservados.
El Clímax del Payaso: La Vuelta a Casa
El regreso a España en 1972 fue un punto de inflexión. Al año siguiente, el programa Había una vez un circo de Televisión Española convirtió a los hermanos en «Los Payasos de la Tele», un fenómeno sociológico y cultural que trascendió la pantalla. La popularidad de sus canciones se volvió un himno generacional.

Sin embargo, el éxito no fue ajeno a la tragedia. El inesperado fallecimiento de Fofó en 1976, en la cúspide de su carrera, impactó profundamente a Miliki, quien, según él mismo relató, encaneció en cuestión de semanas por el golpe emocional. La saga circense, no obstante, demostró su resiliencia con la incorporación de Emilio Aragón Álvarez, «Milikito», quien inicialmente encarnó al payaso mudo y más tarde se convertiría en un referente televisivo por derecho propio.
Una Vida Después del Circo
Tras la retirada del programa en 1983, Miliki demostró ser un artista polifacético. Se dedicó a la producción discográfica y, sobre todo, formó un exitoso tándem artístico con su hija, Rita Irasema. Juntos, grabaron discos, dirigieron programas infantiles como La Merienda y Superguay, e incluso recuperaron El gran circo de TVE. Su capacidad para reinventarse lo llevó incluso a la literatura infantil con La familia de los coches y a la dirección cinematográfica con Yo quiero ser torero.
La cumbre de su carrera la alcanzó fuera de la televisión, al crear junto a su hija el espectáculo El circo del arte, con el que se retiró de los escenarios en 1999. Reconocido con la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes y la Medalla de Andalucía, Miliki vivió sus últimos años recordando con emoción sus aventuras en América. En su hogar, atesoraba orgulloso premios como el Martín Fierro, fotografías y afiches, un «sotanillo» lleno de recuerdos que resumía su vida entre carpas y platós.

El Legado Inmortal y una Curiosa Coincidencia
Emilio Aragón Bermúdez falleció el 18 de noviembre de 2012, a los 83 años, a causa de una neumonía, dejando un vacío en el mundo del espectáculo, pero un tesoro de risas y canciones.
Curiosamente, aunque Miliki nació un 4 de noviembre, la celebración anual en honor a la profesión que él tanto dignificó, el Día Internacional del Payaso, se conmemora cada 5 de noviembre. Esta fecha fue escogida, precisamente, para honrar el legado del carismático artista, un hombre que no solo hizo reír, sino que convirtió el humor blanco en un puente transcontinental, demostrando que la risa, con su nariz roja y sus zapatos gigantes, no conoce fronteras.

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