La «I» de LGBTI: Desvelando la intersexualidad como variación biológica natural
Durante siglos, la concepción del sexo biológico ha estado firmemente anclada en un binomio rígido: hombre o mujer. Sin embargo, la realidad de la biología humana es mucho más vasta y fascinante. En el corazón de esta diversidad se encuentra la intersexualidad, un término que, a pesar de formar parte de las siglas LGBTI, sigue siendo un gran desconocido para la mayoría y que desafía la simplificación binaria del cuerpo.
Comprender la intersexualidad no solo es un ejercicio de conocimiento biológico, sino también un paso crucial hacia el respeto y la inclusión de la diversidad corporal.
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¿Qué es exactamente la intersexualidad? 🤔
El término «intersexualidad» se utiliza para describir a aquellas personas que nacen con características sexuales (como genitales, gónadas, patrones hormonales o cromosomas) que, por una variación biológica natural, no se ajustan a las definiciones típicas de cuerpos masculinos o femeninos. Es esencial recalcar que la intersexualidad no es una enfermedad, un desorden ni una condición que deba ser «corregida». Es, simplemente, una de las muchas formas en que la naturaleza puede configurar el cuerpo humano.
La intersexualidad es un término paraguas que engloba una amplia variedad de configuraciones corporales. Se estima que el número de personas intersexuales es significativamente mayor de lo que se cree, con algunas fuentes sugiriendo que más de 1 de cada 150 nacimientos presenta alguna variación intersexual. La manifestación de estas características es tan diversa como las personas mismas:
- Pueden nacer con genitales que no se ajustan a las categorías binarias.
- En otros casos, la variación puede ser interna, afectando gónadas (como ovarios o testículos) o la combinación de cromosomas.
- La intersexualidad puede ser evidente al nacer, pero también puede manifestarse en la infancia, la pubertad (cuando los cambios hormonales son más pronunciados) o, incluso, permanecer imperceptible a lo largo de toda la vida.

El matiz biológico y la distancia del término «Hermafrodita»
Si bien en el pasado y en la biología no humana se ha usado el término «hermafrodita» para describir la coexistencia de características de ambos sexos, en el contexto humano, este término ha caído en desuso y es considerado obsoleto y estigmatizante. La palabra «intersexual» es la elección más precisa, respetuosa y apropiada para referirse a las personas. Su adopción refleja una mirada que prioriza la dignidad de las personas y se aleja de una visión patologizante o mítica de la variación corporal.
Además, es crucial no confundir la intersexualidad con la identidad de género o la orientación sexual. La intersexualidad se refiere estrictamente a la biología corporal de una persona. Una persona intersexual, al igual que una persona no intersexual, puede identificarse con cualquier género (mujer, hombre, no binario, etc.) y tener cualquier orientación sexual (heterosexual, homosexual, bisexual, etc.). La «I» en LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero e Intersexuales) se refiere, por lo tanto, a una categoría de diversidad corporal que requiere reconocimiento y protección de derechos, no a una orientación o identidad específica.
Desafíos y la urgencia del debate ético y médico
La existencia de la intersexualidad no solo amplía nuestro entendimiento de la biología, sino que también desafía los cimientos sociales, médicos y legales que se han construido sobre la premisa de un dimorfismo sexual estricto. Históricamente, en el ámbito médico, la intersexualidad ha sido tratada como una «anomalía» o un «desorden del desarrollo sexual» (DSD), lo que ha llevado a una práctica ampliamente criticada: las intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales aplicados a bebés y niños intersexuales.
Estas cirugías, a menudo llamadas de «normalización» o «asignación de sexo», se realizan en muchos casos sin el consentimiento informado pleno de la persona, con el objetivo de hacer que el cuerpo del menor se ajuste a las expectativas binarias de la sociedad. Sin embargo, estas intervenciones pueden tener consecuencias irreversibles en la sensibilidad sexual, la función corporal y la salud mental a largo plazo de la persona.

En la actualidad, organizaciones de derechos humanos y la propia comunidad intersexual abogan por un cambio radical en este enfoque. La postura ética creciente es que las decisiones médicas permanentes sobre el cuerpo deben posponerse hasta que la persona intersexual tenga la capacidad de dar su propio consentimiento informado. El foco debe pasar de la «corrección» a la atención de las necesidades médicas urgentes (si las hubiera) y al apoyo psicosocial, permitiendo que la persona decida sobre su propio cuerpo.
La intersexualidad, por lo tanto, no es solo un fenómeno biológico; es un llamamiento a la sociedad para que reconozca y respete la diversidad corporal como un aspecto natural de la vida humana. Es una invitación a cuestionar las normas binarias que limitan la comprensión de la sexualidad y el género, y a garantizar que todas las personas, independientemente de sus características sexuales al nacer, puedan vivir con dignidad, autonomía e integridad física.
Anualmente el 8 de noviembre se celebra el Día de la Solidaridad Intersexual, impulsado por la Organización Internacional de Intersexuales (OII) para visibilizar la situación de las personas intersexuales que son objeto de tratos crueles y degradantes que atentan contra su integridad física y emocional.

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