La noche que el cielo de la India se oscureció: La colisión aérea de Charkhi Dadri
Un día como hoy, 12 de noviembre, pero de 1996, la aviación mundial experimentó una de sus jornadas más sombrías. Sobre los cielos tranquilos de la villa de Charkhi Dadri, en la India, dos aviones comerciales se encontraron en una ruta fatídica, sellando el destino de 349 personas.
Es, hasta hoy, la colisión aérea más mortífera en la historia y un punto de inflexión que redefinió la seguridad aérea global. Más allá de las cifras y los nombres, lo que sucedió en esos escasos ocho minutos es una historia compleja de factores humanos y tecnológicos que convergieron en una tragedia sin precedentes.
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El reloj marcaba las 18:32, hora local, cuando el Vuelo 763 de Saudi Arabian Airlines, un imponente Boeing 747-168B con destino a Dhahran, despegaba del Aeropuerto Internacional Indira Gandhi de Nueva Delhi. Casi simultáneamente, el Vuelo 1907 de Kazakhstan Airlines, un robusto Ilyushin Il-76 que se acercaba desde Kazajistán, iniciaba su descenso para aterrizar en la misma terminal. Dos gigantes de metal y cientos de vidas a bordo, transitando el mismo corredor aéreo, pero en direcciones opuestas.


El Encuentro Fatal en la Bruma
El control de tráfico aéreo (ATC) en Nueva Delhi autorizó al vuelo kazajo a descender a $15\,000$ pies ($4\,572$ metros), mientras que el vuelo saudí fue instruido para ascender a $14\,000$ pies ($4\,267$ metros). Una separación vertical aparentemente segura de $1\,000$ pies. Cerca de ocho minutos después del despegue del 747, la tripulación del Ilyushin reportó haber alcanzado su altitud asignada de $15\,000$ pies.
En ese instante crítico, el controlador aéreo hizo su advertencia de rutina al Vuelo 1907: «Tráfico a las 12, Boeing 747 de Saudi, 14 millas (23 km). Informe cuando lo vea.» Esta era la última comunicación clara antes del silencio. El controlador llamó al vuelo kazajo una vez más, pero no hubo respuesta. Era demasiado tarde.

Aproximadamente a las 18:40, la rutina del cielo se rompió con una explosión estremecedora. El ala izquierda del Ilyushin Il-76 cortó la sección de cola del Boeing 747. La fuerza de la colisión fue demoledora. El 747 se desintegró casi de inmediato en el aire, mientras que el Ilyushin, aunque herido de muerte, logró mantenerse estructuralmente unido por un breve tiempo antes de caer a tierra.
Los testimonios de lo ocurrido a gran altura no fueron solo imaginación. El Capitán Timothy J. Place, piloto de un avión de transporte militar estadounidense, un Lockheed C-141 Starlifter, que casualmente pasaba cerca, se convirtió en el aterrador testigo ocular de la explosión que iluminó el cielo nocturno.
La Anatomía de una Tragedia
La investigación posterior al accidente, aunque dolorosa, fue crucial para desentrañar lo que realmente falló. El informe determinó que la tripulación del Vuelo 1907 de Kazakhstan Airlines no cumplió con las órdenes del ATC. Por razones que se revelarían como una amalgama de fallos, descendieron de los $15\,000$ pies asignados a los $14\,000$ pies, y posiblemente incluso más, poniéndose directamente en la ruta del Boeing 747 que ascendía.
Un factor clave, según el informe, fue la barrera idiomática. Se sugirió que los «conocimientos insuficientes en inglés» de la tripulación kazaja pudieron haber provocado una mala interpretación o una falta de claridad en las instrucciones críticas del controlador. Paradójicamente, el informe también señaló que, justo antes del impacto, los pilotos intentaron ascender, un movimiento que de haberse realizado antes podría haber evitado el choque.

Lecciones Impuestas por el Desastre
Sin embargo, la responsabilidad no recayó únicamente en la cabina del Il-76. La investigación puso de relieve las deficiencias críticas en la infraestructura aérea de Nueva Delhi. En 1996, el radar de control aéreo era obsoleto; solo podía medir la posición bidimensional de las aeronaves, sin capacidad para determinar su altitud. El controlador dependía exclusivamente de los reportes de los pilotos para conocer la altura. Además, el espacio aéreo civil estaba limitado a un único y congestionado corredor de aproximación y despegue, ya que gran parte del cielo circundante estaba restringido y controlado por la Fuerza Aérea India.

La colisión aérea de Charkhi Dadri, que se cobró la vida de ciudadanos de 10 países diferentes, no fue un final, sino un brutal catalizador para el cambio. El informe resultante recomendó una transformación total en los procedimientos y la tecnología del espacio aéreo indio, incluyendo la instalación de radares modernos con capacidad para medir la altitud y la creación de corredores aéreos separados.
Lo más significativo es que, a raíz de esta tragedia, la India se convirtió en la primera nación del mundo en hacer obligatorio el uso del TCAS (Traffic Collision Avoidance System) para todas las aeronaves que operaran en su espacio aéreo. Este sistema autónomo, que avisa a los pilotos sobre la proximidad de otras aeronaves y sugiere maniobras evasivas, se ha convertido desde entonces en un estándar mundial.
El 12 de noviembre de 1996 se recuerda como un día oscuro, pero la sombra de Charkhi Dadri obligó a la aviación a mirar hacia arriba y mejorar. Hoy, cada vez que un avión activa su TCAS, lo hace en parte gracias a la memoria de las 349 almas perdidas en ese cielo indio.

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