Un día como hoy llegaba el silencio del «Diez» y el inicio de una leyenda eterna
Hace exactamente un tiempo, el calendario se detuvo en el 25 de noviembre. Una noticia, tan improbable como demoledora, recorrió el planeta a la velocidad de la luz: Diego Armando Maradona había muerto.
El hombre, el ídolo, el Pibe de Oro, el campeón del mundo, aquel que había elevado al fútbol a la categoría de arte sublime y había desafiado a los dioses del deporte y de la vida, se marchaba a sus 60 años. No fue un simple deceso; fue el instante en que una de las figuras más históricas y controversiales de la República Argentina, y quizás del deporte mundial, trascendió definitivamente de la realidad al mito.
Te puede interesar: El magnicidio que cambió la historia

De la recuperación al adiós inesperado
Los días previos a su fallecimiento habían estado marcados por una preocupación persistente sobre su delicado estado de salud. Tras cumplir los 60 años, el astro fue internado inicialmente por un cuadro de anemia y depresión. Los estudios derivaron en una operación de urgencia para evacuar un hematoma subdural. La cirugía, realizada el 3 de noviembre de 2020 en la Clínica Olivos, fue catalogada como exitosa, y Maradona recibió el alta ocho días después para continuar su rehabilitación en una residencia de Tigre, bajo cuidados médicos domiciliarios.

Sin embargo, el destino, ese mismo que tantas veces pareció esquivar con una gambeta imposible, aguardaba. En la mañana del 25 de noviembre, en su convalecencia, la leyenda fue hallada sin signos vitales. La autopsia fue categórica: la causa fue una insuficiencia cardíaca aguda que degeneró en un edema agudo de pulmón, en el contexto de una miocardiopatía dilatada preexistente. Fue una muerte súbita, silenciosa y definitiva.
La sombra de la cuestión judicial: ¿Negligencia o fatalidad?
A pesar de que las primeras pericias apuntaron a causas naturales, el fallecimiento de Maradona no quedó exento de la polémica que lo acompañó toda su vida. El entorno de asistencia médica que lo rodeaba, destinado a tratar su adicción al alcohol y dependencia a fármacos, fue rápidamente cuestionado por su presunta inadecuación y falta de equipamiento necesario.

Esta duda sembró un complejo proceso judicial. Hoy, varios profesionales de la salud, incluyendo a su neurocirujano y su psiquiatra, enfrentan la grave acusación de homicidio simple con dolo eventual. La justicia busca determinar si hubo una omisión o un accionar negligente que, previendo el riesgo mortal, no fue corregido. Lo que añade aún más misterio y morbo a la causa es el reciente escándalo procesal: el juicio inicial, que había comenzado en marzo de 2025, fue anulado, obligando a un nuevo inicio en marzo de 2026. El astro, incluso en el descanso eterno, sigue siendo el protagonista de un drama con ribetes de tragedia y enigma legal.
La despedida de un dios popular
La reacción global ante su partida fue un fenómeno pocas veces visto en la historia moderna. El gobierno argentino decretó tres días de luto nacional y ofreció la Casa Rosada para su velatorio con honores de funeral de Estado. La Plaza de Mayo se convirtió en el epicentro de un dolor colectivo e incontrolable. Cientos de miles de personas, desafiando el desorden y las largas filas, acudieron a dar el último adiós a su ídolo, un fervor que culminó en desbordes y enfrentamientos que obligaron a la familia a finalizar la ceremonia de forma abrupta.

La conmoción trascendió fronteras. Desde el Papa Francisco, que le envió un rosario bendecido, hasta jefes de Estado como Emmanuel Macron, y figuras deportivas como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, el mundo entero se rindió ante la magnitud de su figura. La ciudad de Nápoles, donde Maradona dejó un legado imborrable tras liderar al equipo a sus únicos scudettos y la Copa de la UEFA, rebautizó su estadio como Estadio Diego Armando Maradona.
Su cuerpo finalmente fue inhumado en una ceremonia íntima en el cementerio Jardín Bella Vista, junto a sus padres, Don Diego y Doña Tota.
El traslado al panteón del mito
La historia de Maradona no se detiene en su tumba. En un giro que confirma su estatus de ícono nacional, sus restos están programados para ser trasladados al «Memorial del Diez», un mausoleo que se construirá en Puerto Madero, cerca de la Casa Rosada. Este monumento funerario, que se espera esté abierto al público, sellará el destino final de la leyenda, anclándolo en la memoria colectiva como un símbolo eterno.
Diego Armando Maradona fue, en vida, un torbellino de talento puro y contradicciones humanas. Su muerte, un día como hoy, no solo cerró un capítulo en la historia del deporte; abrió la puerta al mito inalcanzable. Más allá del debate judicial en curso sobre las circunstancias de su deceso, lo que perdura es la imagen del genio de Villa Fiorito, el autor del «Gol del Siglo», el capitán que levantó la Copa del Mundo en 1986, y el hombre que hizo de la pelota un milagro. Su recuerdo no se desvanece; se transforma en una leyenda que se contará por generaciones.

Deja un comentario