La Furia de 10 Minutos: El temporal que devastó la ciudad de Banfield hace doce años
Un día como hoy, 2 de diciembre, pero de 2013, la tranquilidad del Gran Buenos Aires se vio rota por una furia meteorológica que, en apenas diez minutos, dejó una huella de destrucción, caos y tragedia. Una violenta tormenta de viento, con ráfagas calificadas de “huracanadas”, azotó principalmente las localidades de Banfield y Lomas de Zamora, transformando una calurosa tarde de verano en una escena de desastre.
La jornada había comenzado con una canícula extrema. Los termómetros en la zona sur del Gran Buenos Aires registraban temperaturas superiores a los 35°C en la mañana, con una sensación térmica agobiante que superó los 36°C. Este calor sofocante, característico de los veranos argentinos, preparó el escenario para un cambio brusco y devastador.
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Alrededor de las 18:30 horas, la atmósfera cambió de repente. El cielo se oscureció y una tormenta breve, pero de una intensidad inusual, se desató. Los reportes del Servicio Meteorológico Nacional Argentino indicaron que los vientos llegaron a superar los 150 km/h, una velocidad propia de un huracán, concentrando su máxima potencia en un área de pocas cuadras. Este vendaval, que duró poco más que un suspiro de diez minutos, fue suficiente para desatar el caos.
La caída del emblema
El impacto de la tormenta se manifestó en daños generalizados, pero algunos episodios capturaron de manera dramática la magnitud del desastre. Uno de los hechos más insólitos y mediáticos ocurrió en la Avenida Hipólito Yrigoyen al 7500 en la ciudad de Banfield.
El viento, con una fuerza descomunal, arrancó de cuajo el icónico cartel de una conocida cadena de comida rápida. La enorme “M” dorada fue catapultada y cayó sobre un automóvil que circulaba por la avenida. Afortunadamente, este accidente, que se convirtió en el símbolo visual de la catástrofe, no dejó víctimas fatales, pero sí reflejó la violencia del fenómeno.


Mientras la «M» dorada se desplomaba, la tragedia se cernía sobre una obra en construcción en Rincón y Alsina. El fuerte viento provocó el derrumbe parcial de la estructura de ocho pisos. Varios trabajadores quedaron sepultados o cayeron al vacío. El saldo más doloroso del temporal fue la muerte de dos obreros.

Uno de ellos falleció instantáneamente al caer desde más de 20 metros de altura, y el segundo fue hallado sin vida horas después, aplastado por una losa de hormigón. Este trágico incidente, investigado como un accidente laboral, generó una profunda conmoción en la comunidad.
El estrago en la infraestructura
El vendaval no hizo distinciones. Los daños materiales se extendieron por toda la zona, paralizando la vida cotidiana. Postes, cables de luz y árboles fueron derribados por doquier, dejando a cerca de 1,2 millones de usuarios sin suministro eléctrico en el área metropolitana. La falta de luz sumió a muchos barrios en la oscuridad y provocó el colapso del tránsito al dejar inoperativos numerosos semáforos.

El tendido ferroviario también fue afectado, con la caída de árboles sobre las vías que obligó a suspender los servicios de varias líneas clave (Roca, San Martín, Urquiza, Mitre y Belgrano Sur), aislando temporalmente a miles de pasajeros. Incluso puntos emblemáticos, como la sede del Club Los Andes en Lomas de Zamora, sufrieron graves destrozos: su tinglado metálico se desprendió y cayó sobre la calle, aplastando un auto estacionado y dejando heridas a cuatro jugadoras de vóley que se encontraban en el lugar.


La magnitud del desastre movilizó a equipos de emergencia y operarios que trabajaron durante la noche y los días subsiguientes para despejar las vías, restablecer la energía y asistir a las decenas de heridos y damnificados.
«Diez minutos de furia»
El impacto social fue inmediato y se prolongó en los días posteriores. La prolongada falta de servicios básicos, especialmente el suministro eléctrico, generó una ola de indignación. Vecinos del sur del Gran Buenos Aires protagonizaron cortes de calles y vías de tren en señal de protesta por la demora en la normalización.

La prensa nacional y local reflejó la magnitud de la tragedia. Un diario local tituló su edición del 3 de diciembre como «Diez minutos de furia», con impactantes fotografías del escenario post-temporal. Aunque la provincia de Buenos Aires lamentó un total de cinco fallecidos por el temporal en diversos puntos, el foco mediático se centró en la catástrofe concentrada en Banfield y Lomas de Zamora, con crónicas detalladas que recogieron testimonios de heridos y la cuantía de las pérdidas materiales.

Once años después, aquel 2 de diciembre de 2013 permanece en la memoria colectiva como el día en que la naturaleza exhibió su poder devastador en el conurbano, dejando un saldo trágico de dos vidas perdidas, múltiples heridos y la imagen indeleble de la «M» dorada derribada, un símbolo de la fuerza que puede tener un breve, pero violento, temporal de verano.

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