Un día como hoy: El nacimiento de Ella Harper, la mujer que desafió la anatomía y el espectáculo
5 de enero de 1870. En una época donde lo inusual era catalogado como «prodigio» o «curiosidad», nacía en Tennessee, Estados Unidos, una figura que cautivaría al público y desafiaría las leyes de la anatomía convencional: Ella Harper, mundialmente conocida como la «Niña Camello».
Hoy se cumplen más de 150 años de su llegada al mundo, y su historia sigue siendo un testimonio fascinante de resiliencia y determinación en una era de espectáculos itinerantes y misterios médicos.
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El misterio de los 180 grados
Harper nació con una condición ortopédica extremadamente inusual denominada Genu recurvatum. Esta patología se manifiesta como una hiperextensión de la rodilla que permite que la articulación se doble hacia atrás, superando el límite natural de los 180 grados. Debido a esta estructura ósea, Ella descubrió que le resultaba mucho más cómodo y eficiente desplazarse utilizando tanto sus manos como sus pies.
Esta forma de caminar, sumada a su peculiar silueta, le otorgó el apodo que la llevaría a la fama: la Niña Camello. En 1886, bajo el ala del circo Nickel Plate de W.H. Harris, Ella se convirtió en la atracción principal, recorriendo ciudades y acaparando los titulares de la prensa de la época.

Una visión de futuro inusual
A diferencia de muchos artistas de circo de finales del siglo XIX, cuya vida solía terminar en la precariedad, Ella Harper poseía una claridad asombrosa sobre su destino. En el reverso de sus tarjetas de presentación de 1886, se podía leer una declaración de intenciones que hoy resultaría inspiradora:
«Me llaman la chica camello porque mis rodillas giran hacia atrás… Tengo la intención de dejar el negocio del espectáculo y posteriormente ir a la escuela y prepararme para otra ocupación».
Con un salario de 200 dólares semanales —una fortuna para la época—, Ella no solo fue una curiosidad médica, sino una de las mujeres más independientes de su tiempo. Cumplió su promesa: abandonó las luces del escenario para buscar una vida privada y educación, una transición casi inaudita para alguien de su fama.

Más allá de la carpa
Tras su retiro, la vida de Harper estuvo marcada por la normalidad que tanto anhelaba, aunque no exenta de tragedias personales. Regresó a su natal Tennessee, se casó con Robert L. Savely en 1905 y enfrentó la dolorosa pérdida de dos hijas (una biológica y una adoptada).
Ella Harper falleció en 1921 a los 51 años, dejando tras de sí el recuerdo de una mujer que, aunque fue presentada al mundo como un «fenómeno», utilizó su singularidad para financiar su propia libertad. Su historia nos invita a preguntarnos: ¿Cuántas otras figuras de la historia han utilizado su aparente vulnerabilidad para construir un camino de total autonomía?

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