Casos sin resolver: El Zodíaco, el asesino que burló a la justicia
El norte de California, a finales de los años 60, no solo fue el epicentro del «Verano del Amor» y los movimientos contraculturales; también fue el escenario de una de las cacerías humanas más frustrantes y enigmáticas de la historia criminal moderna. Entre diciembre de 1968 y octubre de 1969, un individuo que se hacía llamar «el Zodíaco» sembró el terror en el Área de la Bahía de San Francisco, dejando tras de sí un rastro de sangre, criptogramas indescifrables y un expediente que, más de medio siglo después, se niega a ser archivado.
A diferencia de otros asesinos en serie que operan desde las sombras, el Zodíaco buscaba el reflector. Su identidad se forjó a través de una serie de cartas enviadas a los principales periódicos regionales, exigiendo que sus mensajes fueran publicados en primera plana bajo la amenaza de cometer matanzas indiscriminadas.
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El perfil del atacante era desconcertante: un hombre blanco, corpulento, de gran inteligencia y con conocimientos avanzados en lenguajes cifrados. Sus víctimas preferidas eran parejas jóvenes en entornos aislados, aunque su último golpe confirmado rompió el patrón al asesinar a un taxista, Paul Lee Stine, en el corazón de San Francisco.
De los cuatro criptogramas enviados por el asesino, dos se mantuvieron como un muro infranqueable para los mejores analistas del mundo durante décadas. No fue hasta 2020 cuando un equipo internacional de criptógrafos logró descifrar el famoso «Cifrado 340», revelando un mensaje donde el asesino afirmaba estar «recolectando esclavos para la otra vida». Esta mezcla de sadismo y delirio místico ha alimentado infinitas teorías sobre su psique.
Las víctimas: Los nombres detrás de la tragedia
Aunque el Zodíaco se jactó en sus misivas de haber terminado con la vida de 37 personas, las autoridades solo han podido confirmar siete ataques, de los cuales cinco fueron fatales:
- David Arthur Faraday y Betty Lou Jensen: Asesinados a tiros en diciembre de 1968 en una carretera desolada de Benicia.
- Darlene Elizabeth Ferrin: Fallecida tras un tiroteo en Vallejo en julio de 1969. Su acompañante, Michael Mageau, sobrevivió para dar una descripción del atacante.
- Cecilia Ann Shepard: Apuñalada brutalmente en el Lago Berryessa en septiembre de 1969. Su pareja, Bryan Hartnell, sobrevivió milagrosamente a seis puñaladas en la espalda.
- Paul Lee Stine: El taxista cuya muerte proporcionó la prueba definitiva de que el Zodíaco podía golpear en cualquier lugar.
Casos como el de Cheri Jo Bates en 1966 o el de la desaparecida Donna Lass en 1970 siguen orbitando el expediente del Zodíaco, con pruebas de ADN recientes que sugieren conexiones que la policía de la época no pudo establecer.
Sospechosos en el limbo

La lista de posibles culpables es un desfile de perfiles inquietantes. Durante años, el nombre de Arthur Leigh Allen encabezó las investigaciones. Allen, un exmaestro y delincuente sexual, poseía cuchillos ensangrentados y compartía coincidencias temporales con los crímenes. Sin embargo, las pruebas de ADN de las cartas y las comparaciones de caligrafía lo excluyeron repetidamente, dejando a los investigadores en un callejón sin salida antes de su muerte en 1992.
En años recientes, la organización de investigadores privados Case Breakers ha puesto el foco sobre Gary Francis Poste, un veterano de la Fuerza Aérea fallecido en 2018. Según este grupo, existen pruebas sólidas, incluyendo fotos de Poste con cicatrices similares a las del retrato hablado y ADN recuperado que lo vincula con la escena de Cheri Jo Bates. A pesar de la presión mediática, el FBI mantiene una postura cautelosa, declarando que el caso sigue «abierto y sin resolver».
¿Un misterio silenciado?
La persistencia de este caso no solo radica en la crueldad de los actos, sino en la sospecha de negligencia. El oficial retirado Lyndon E. Lafferty llegó a proponer en su libro The Zodiac Killer Cover-Up que una red de corrupción policial impidió la captura del asesino en su momento de gloria. Otros apuntan a la falta de coordinación entre las distintas jurisdicciones de California como la razón principal de su huida eterna.
Hoy, con el avance de la genealogía genética —la misma técnica que permitió capturar al Asesino del Golden State—, la esperanza renace. En 2018, el Departamento de Policía de Vallejo intentó recuperar ADN del reverso de los sellos postales usados por el criminal. Los resultados de estas pruebas se guardan con un celo absoluto.
¿Está el nombre del Zodíaco ya escrito en algún archivo policial, esperando solo una coincidencia genética final? ¿O se llevó el secreto a la tumba, riéndose de una sociedad a la que una vez juró aterrorizar? Mientras las carpetas de Benicia, Vallejo y San Francisco sigan abiertas, el Zodíaco seguirá siendo el fantasma más presente de la crónica negra estadounidense.


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