Un año sin Francisco: El legado del Papa que rompió los moldes del Vaticano
CIUDAD DEL VATICANO — Se cumple hoy el primer aniversario del fallecimiento de Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, quien partiera la mañana del 21 de abril de 2025, dejando tras de sí una Iglesia transformada por su búsqueda incansable de la sencillez.
Aquel lunes de Pascua, a las 7:35 horas, el mundo recibía la noticia de que el corazón del «Papa del fin del mundo» se había detenido tras un derrame cerebral, apenas quince horas después de haber impartido su última bendición Urbi et Orbi ante una multitud que, sin saberlo, asistía a su despedida.
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Del laboratorio químico a la Silla de Pedro
Nacido en Buenos Aires en 1936, la trayectoria de Bergoglio desafió siempre las convenciones. Antes de ser el octavo soberano de la Ciudad del Vaticano, fue técnico químico, profesor de Literatura y Psicología, y un líder jesuita que atravesó los tiempos más turbulentos de Argentina. Su ascenso, marcado por la austeridad, lo llevó de las barriadas porteñas al Colegio Cardenalicio en 2001, para finalmente ser elegido sucesor de Benedicto XVI el 13 de marzo de 2013.
Fue el primer papa americano, el primero del hemisferio sur y el primer jesuita en alcanzar el pontificado. Sin embargo, su mayor hito no fue estadístico, sino humano: decidió llamarse Francisco, invocando la pobreza y la paz del santo de Asís.

Un testamento de tierra y zinc
A un año de su partida, el análisis de sus últimas voluntades sigue sorprendiendo a historiadores y fieles. Francisco no solo reformó la Curia Romana en vida, sino que reformó el propio ritual de su muerte. Su testamento, fechado en 2022, fue un manifiesto de humildad radical.
- Adiós a los tres ataúdes: Eliminó la tradición de los féretros encajados de ciprés, plomo y roble, optando por un único ataúd de madera forrado de zinc.
- Fuera del Vaticano: Rompiendo con la costumbre de los pontífices modernos, pidió ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, debido a su devoción por la Salus Populi Romani.
- Inscripción mínima: Su tumba, excavada en tierra entre las capillas Paulina y Sforza, luce solo una palabra: «Franciscus».
El «Capital de la Pobreza»
La apertura de sus cuentas personales tras su muerte confirmó lo que muchos sospechaban pero pocos creían posible en una figura de su relevancia global. Al momento de fallecer, el patrimonio personal de Francisco ascendía a tan solo 90 euros. No poseía propiedades, vehículos ni ahorros.
Su desapego material fue coherente hasta el final. Aquel Lamborghini de 700,000 euros que recibió como regalo años atrás terminó convertido en fondos para comunidades cristianas. Incluso su última posesión tecnológica, el emblemático papamóvil, no terminó en un museo; hoy recorre la Franja de Gaza convertido en una clínica móvil para niños desplazados, cumpliendo así su postrer deseo de llevar salud a las periferias más olvidadas.
Un mensaje que aún resuena
El vacío dejado por Francisco se siente especialmente en su labor diplomática y social. Durante su mandato, canonizó a un récord de 942 santos, pero también abrió puertas que durante siglos estuvieron cerradas: la inclusión de las mujeres en puestos de decisión, un trato compasivo hacia la comunidad LGBT y una defensa férrea del medio ambiente a través de su encíclica Laudato si’.
En sus últimas palabras pronunciadas el Domingo de Resurrección de 2025, Francisco dejó una advertencia que hoy, doce meses después, parece más vigente que nunca:
«No puede haber paz sin libertad de religión, libertad de pensamiento, libertad de expresión y respeto por las opiniones de los demás».
A un año de su entierro sencillo y financiado por un benefactor anónimo, el legado de Bergoglio parece residir no en el mármol de los monumentos, sino en la transformación de una institución que él intentó hacer «pobre para los pobres». Su ausencia física marca el inicio de una nueva era para el catolicismo, una que aún intenta asimilar las lecciones de un hombre que prefirió la residencia de Santa Marta antes que el Palacio Apostólico.


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