Un día como hoy: El adiós a Josephine Myrtle Corbin, la mujer que desafió a la medicina y los prejuicios
6 de mayo de 1928 — El pequeño pueblo de Cleburne, Texas, se convirtió en el escenario final de una de las vidas más fascinantes y singulares de la historia médica y del espectáculo del siglo XIX. Un día como hoy, hace casi un siglo, cerraba los ojos por última vez Josephine Myrtle Corbin, conocida mundialmente como la «niña de cuatro piernas». Pero más allá del espectáculo, su vida fue un testimonio de resiliencia, ciencia y una normalidad ganada a pulso frente a la mirada atónita del mundo.
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Un enigma biológico: ¿Qué es un dípigo?
Desde el momento de su nacimiento en 1868, en el condado de Lincoln, Tennessee, Myrtle fue un desafío para los conocimientos de la época. Los médicos que la examinaron se encontraron con una condición denominada dipygus (dípigo). Esto significaba que Myrtle poseía dos pelvis separadas, una al lado de la otra, resultado de una división del eje corporal durante su desarrollo embrionario.
Como si de un espejo se tratase, de cada pelvis nacía un par de piernas: una exterior de tamaño normal y una interior más pequeña. Aunque Myrtle podía mover sus extremidades internas, estas no tenían la fuerza suficiente para caminar. Sin embargo, lejos de ser una niña frágil, creció con una salud envidiable, pesando casi cinco kilos a las pocas semanas de nacida, para sorpresa de los especialistas.
El brillo bajo los focos: La «Four-Legged Girl from Texas»
A los 13 años, Myrtle se integró al circuito de los sideshows o espectáculos de rarezas, un fenómeno cultural masivo en la era victoriana. Bajo el ala de promotores como P.T. Barnum, fue presentada como la «Muchacha de cuatro piernas de Texas».
A diferencia de la imagen lúgubre que a veces se asocia con estos espectáculos, los panfletos de la época la describían como una joven de «temperamento suave como el sol de verano». Su popularidad fue tan inmensa que surgieron imitadoras que utilizaban prótesis para intentar replicar su anatomía. Myrtle no era solo una curiosidad; era una estrella que cautivaba por su inteligencia, su rostro refinado y su talento musical.
Un hito para la obstetricia
El aspecto más asombroso de la vida de Myrtle Corbin no ocurrió en un escenario, sino en el ámbito privado de su hogar y en los consultorios médicos. A los 19 años se casó con James Clinton Bicknell, y lo que la ciencia de entonces consideraba imposible, sucedió: Myrtle formó una familia.

Su primer embarazo en 1887 desconcertó al doctor Lewis Whaley. Al examinarla, descubrió que la duplicidad externa de Myrtle se reflejaba internamente: poseía dos úteros y dos sistemas reproductores completos. Un detalle que ha quedado para la historia de las anécdotas médicas fue su reacción al saber que estaba embarazada en su útero izquierdo: «Si hubiera sido en mi lado derecho, estaría más cerca de creer que tiene razón», respondió con humor, dejando entrever la preferencia biológica de su propio cuerpo.
A pesar de las complicaciones iniciales, Myrtle logró dar a luz a cinco hijos sanos (cuatro niñas y un niño) a lo largo de los años, demostrando que su anatomía, aunque única, no dictaba los límites de su capacidad como mujer y madre.
El último deseo: Respeto más allá de la muerte
Al morir a los 59 años, debido a una infección cutánea en su pierna, el interés por su cuerpo no cesó. Coleccionistas privados y médicos ofrecieron pequeñas fortunas para diseccionar sus restos. Sin embargo, su familia se mantuvo firme en proteger su dignidad.
Para evitar que los ladrones de tumbas profanaran su descanso, su ataúd fue cubierto con una gruesa capa de hormigón. Sus familiares montaron guardia sobre la tumba hasta que la mezcla secó por completo, asegurándose de que Myrtle Corbin, la mujer que vivió bajo la mirada constante de la curiosidad ajena, finalmente encontrara la paz y el anonimato del sueño eterno.
¿Sabías que? En las revistas médicas del siglo XIX, Myrtle era referida con términos casi impronunciables como «dipygus dibrachius tetrapus». Hoy, su caso sigue siendo estudiado en teratología como uno de los ejemplos mejor documentados de esta rara condición genética.
Myrtle Corbin no fue solo una «curiosidad de feria»; fue una mujer que, con dos pelvis y cuatro piernas, caminó con más firmeza y gracia por la vida que muchos otros, recordándonos que la naturaleza, en sus desvíos, a veces crea obras maestras de adaptación y voluntad.


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